
Capitulo XII
Del juicio.
58 Para explicar en què consiste el
juicio, se ha de saber, que aunque los hombres tienen inclinacion à la
verdad, y al bien, no obstante ay en todos una fuerza libre de consentir,
ò no consentir a la verdad, y de amar, ò aborrecer el bien, y esta fuerza
es la que llamamos libre alvedrio. Su existencia consta por la Fè
divina, y cada uno puede convencerse della por propia conciencia,
reflexionando un poco sobre lo que passa dentro de sì quando quiere, ò no
quiere una cosa, o quando consiente, ò dissiente à una proposicion. Los
Theologos Catolicos tratan largamente del libre alvedrio del
hombre, y explican con claridad, y metodo quanto ay que saber en la
materia; pero aora por lo que puede servir para evitar el error en las
Artes, y Ciencias à que se endereza este escrito, explicarè breve, y
logicamente còmo podemos hacer buen uso de nuestra libertad.
59 Ya hemos dicho que el alma tiene
inclinacion natural àzia el bien, y que quiere, y ama la verdad como un
bien especial. Por esta razon nunca ama, ni quiere ningun objeto si no se
le presenta como bueno, ni assiente à una proposicion si no se le ofrece
como verdadera, ù à lo menos como verosimil. Tambien hemos notado, que la
voluntad es informada del entendimiento sobre la bondad de las cosas, y
por consiguiente que ama, y quiere los objetos segun se los presenta el
entendimiento (44). Siguese desto, que si el entendimiento en lugar de
proponer a la voluntad un bien real, y verdadero, se lo propone aparente,
y fingido, èsta le ama, y assi se siguen infinitos defectos en lo moral,
porque sucede muchissimas veces no informarse el entendimiento del modo
que es necessario para conocer el verdadero bien, ni atender a todas las
cosas que debe tener presentes para distinguirle del aparente, y falso,
por lo que à la voluntad se lo comunica en el modo mismo, y assi sucede
amar èsta como à buena una cosa que solo es buena en la apariencia, y mala
en la realidad.
60 La rectitud pues del juicio
consiste en no consentir, ni tener por verdadero bien sino al que
realmente lo es, y en tener solamente por verdadera la proposicion que lo
es en realidad; y quanto mas atinado sea el hombre en distinguir, y
conocer estas cosas, tanto tiene mas firme, y mejor el juicio. Para
conocer los verdaderos bienes, y distinguirlos de los falsos, se ha de
consultar la razon, y luz natural, que Dios ha sellado, è impresso en los
corazones de los hombres, se han de practicar los divinos documentos del
Evangelio de Jesu Christo, las maximas que dictan las Santas Escrituras,
la doctrina que enseñan los Santos Padres, y por decirlo de una vez, lo
que enseña la Santa Iglesia Catolica Romana. Con tantas, y tan soberanas
luces, y con la gracia de Jesu Christo puede el entendimiento
conocer qual sea el verdadero bien, y distinguirlo del falso, y aparente;
pero no obstante sucede no pocas veces que las passiones, los apetitos, y
los sentidos obscurecen estas verdades, y ocasionan el desorden, y la
maldad, representandolas con apariencias del bien: esto es por lo que toca
à la moral.
61 En quanto à las Artes, y Ciencias
hemos de colocar las verdades en tres classes: unas son
evidentes, otras certissimas, otras solamente
probables. Los primeros axiomas que el alma conoce quando hace
uso de la razon, las verdades de la Geometria, y muchas de las que
adquirimos por los sentidos quando hacemos buen uso dellos, son
evidentes, y el entendimiento, puesta la atencion necessaria,
facilmente las conoce. Las verdades que alcanzamos por la Fè son
certissimas, porque son dictadas por Dios, que ni puede engañarse
ni engañarnos. Las probables son aquellas que alcanzamos con el
trabajo, y estudio, sin tener certidumbre dellas, y son la mayor parte de
las que posseemos con el exercicio de las Artes, y Ciencias.
62 Todas las verdades indubitables,
ya sean adquiridas por la Fè, ya sean de suyo evidentes, son principios
fundamentales sobre que se edifica la fabrica de las Artes, y Ciencias, y
en èstas seràn mas conformes à la verdad aquellas máximas que fueren mas
conformes à los sobredichos principios. Las verdades que llamamos
experimentales tienen por fundamento la practica, y buen uso de
las cosas que se presentan à los sentidos, la qual llamamos
experiencia, y para bien establecerla se ha de saber, no solo el
modo de percibir los objetos sensibles, sino tambien los errores en que
caemos por hacer mal uso de semejantes percepciones; y como estos errores
consisten en el juicio, por esso aun en estas ciencias es necessario
dirigirle con acierto; y es cosa certissima, que assi en estas cosas como
en qualesquiera artes, y estudios la rectitud del juicio consiste en
no tener por bien verdadero al que es falso, ò aparente, ni por verdad lo
que no lo es. Ay ciertas cosas en que es dificil alcanzar la verdad,
porque Dios ha querido que fuessen ocultas como son las causas
(17) de las operaciones de la naturaleza, porque nos basta de
las cosas sensibles el uso que podemos hacer dellas, y no nos es
necessario el conocimiento de sus causas. Quando se trata dellas por lo
ordinario, nos contentamos con la verosimilitud, y èsta consiste en la
semejanza de la verdad. Pero es de notar, que aun en semejantes ciencias
se han de sentar principios verdaderos, que sirvan de basa, y fundamento
para deducir otros, y assi se han de combinar las cosas las quales seràn
tanto mas verosimiles, quanto mas se acerquen a aquellos principios; y en
su exercicio serà de mas recto juicio el que dè su assenso solamente à
aquellas ideas, que sean conformes à los principios ciertos, y en ningun
modo se opongan à verdades yà conocidas, ò de qualquier modo
averiguadas. Mas sobre esto puede verse lo que he escrito en el
tratado proemial de mi primer Tomo de Fisica.
63 Siguese de todo lo dicho, que
para governar bien el juicio, y hacer buen uso de nuestra libertad,
debemos ilustrar la razon natural, recoger quantas verdades ciertas pueda
adquirir el entendimiento, y en todas las cosas combinar dichas verdades,
atender à todas, y no determinarse sino quando ya se vea la conformidad de
lo que se busca con ellas. Afirmar las cosas sin examinarlas mas que por
un lado, es propio de ingenios credulos, que caen con mucha facilidad en
el error. Y como es tanta la extension de cosas que debe tener presente el
que juzga, y son tan pocos los que aplican el trabajo necessario para
saberlas, por esto se ven tantos juicios hechos con temeridad, y
precipitacion. Ilustraremos mas esto en el capitulo siguiente.

Capitulo XIII
De la proposiciones, y su afirmacion, y
negacion.
64 De qualquiera manera que perciba
el entendimiento las cosas, sea por sensacion, imaginacion, ò inteleccion,
siempre las conoce por la simple percepcion, por el juicio, ò por el
discurso (4). La simple percepcion quando yà el hombre empieza a razonar,
nunca, ò muy raras veces se halla sola en el entendimiento, porque no
solemos percibir una cosa sin afirmar, ò negar della alguna otra. El
discurso se compone de juicios enlazados entre sì; con que el modo mas
comun, y frequente de pensar en las cosas es por proposiciones, que no son
otra cosa que juicios. Los que enseñan la Logica en las Escuelas
ordinariamente distinguen muchas suertes de proposiciones, y las dividen
en universal, y particular; de materia necessaria, ò contingente; en
simples, ò compuestas, y en otras muchas especies que no necessitan de
explicacion, porque con mediana atencion las conocen muy bien aun aquellos
que no frequentan las Aulas.
65 Lo que me parccc mas digno de
saberse en las proposiciones es la naturaleza de la afirmacion, y
negacion. Siempre que los dos extremos de la proposicion se juntan con el
verbo, ser, se tiene èsta por afirmativa, y si se separan por las
voces non est, ó no es por negativa (6). En esto assi
generalmente entendido no ay duda ninguna; pero es menester explicar lo
que quiere decir afirmacion, para no caer en el abuso de las
disputas verbales. Afirmar significa, como hemos dicho, juntar en
el entendimiento dos ideas por el verbo ser, ù otro que puede
reducirse à èste. Afirmar significa tambien assegurar una cosa
consintiendo en ella. Quando juntamos en el entendimiento las ideas de
monte, y de oro, diciendo: El monte es oro, afirmamos en el
primer modo, y no en el segundo, porque aunque tengamos juntas estas
ideas, no assentimos à semejante proposicion. Lo mismo ha de entenderse
desta proposicion: Pedro es piedra, la qual es afirmativa en el
primer modo, mas no afirmamos en ella ser Pedro piedra en el segundo. Esta
diferencia consiste, en que la afirmacion con que solo juntamos los
extremos qualesquiera que sean, es obra del ingenio, ò de la imaginacion,
mas la afirmacion con que assentimos à una proposicion es obra del juicio.
Y sucede muchissimas veces hallarse en el entendimiento muchas
combinaciones de ideas diferentes, sin aprobarlas el juicio, porque èste
assiente à la verdad de una proposicion, quando ya ha visto la conexion
que tiene con los principios, y axiomas (62);assi quando decimos Pedro
es piedra, en la idea de Pedro considera el juicio la de hombre, la
de viviente sensitivo, y racional; y en la idea de la piedra concibe la de
un cuerpo duro, è incapaz de vida, y sentimiento, y no pudiendo juntar, ni
combinar estas ideas, no assiente à semejante proposicion.
66 Por esto serà bien advertir, que
tenemos muchas percepciones de las cosas sin assentir à ellas, y por
consiguiente, que no es lo mismo pensar, que consentir. Muchos de
conciencia delicada se equivocan en esto, porque no se paran à meditar lo
que les sucede en la variedad de sus pensamientos; pero si reflexionan un
poco conoceràn claramente, que las percepciones que tenemos por los
sentidos, puesta la buena disposicion de sus organos, no pueden dexar de
seguirle à las vibraciones que reciben los nervios, y se propagan hasta el
celebro en virtud de las leyes de la union del alma con el cuerpo (28).
Las percepciones que tenemos por imaginacion, y por memoria, deben tambien
seguirse à ciertas vibraciones de las fibras del celebro, que tienen
cierta conexion con ellas, como hemos explicado (34). Son pues propiamente
libres el assenso, y dissenso, que pertenecen al juicio.
67 Mis como este assumpto sea
importantissimo, serà bien declararle con algunos exemplos. Presentase
Ariston delante de un arbol, ò de un jardin, y si tiene los ojos sanos, y
bien dispuestos, no puede dexar de ver aquellos objetos. Estarà à la
verdad en su alvedrio algunas veces ponerse delante del jardin, ò del
arbol; mas ya puesto, y aplicado à mararlos, no puede evitar el verlos. Si
el arbol es grande, ò pequeño, y el jardin ameno, y divertido, luego
acompañarà à la vision dellos el juicio afirmativo: El jardin es
ameno, el arbol es grande, y estas proposiciones son en todas maneras
afirmativas, porque al tiempo que junta al arbol la idea de
grande, por el uso, y experiencia de las cosas, sabe que le
conviene, y assi lo afirma, y lo consiente; y lo mismo sucede quando la
idea de la amenidad la apropia al jardin. Supongamos aora, que Ariston es
curioso en las cosas naturales, y luego su curiosidad le mueve à saber què
arbol es el que tiene por grande. Aqui no hallandose con
bastantes noticias experimentales para asegurarlo, queda dudoso, ò
suspende su juicio, y esta suspension sin afirmar, ni negar no es otra
cosa, que el exercicio de su libertad, con la qual consiente, dissiente, ò
suspende el assenso, y dissenso à su alvedrio. Mas ya Ariston examinando
las partes del arbol, su forma externa, su figura, y todas las demàs cosas
necessarias, combinandolas con otras de que tiene ciencia, y experiencia
cierta, assiente à que el arbol grande es almendro. No ay que
dudar, que quando Ariston averiguava què arbol era el que veìa, tendria
dentro de sì varios pensamientos con que le compararia hasta encontrar con
aquèl que tenia entera conveniencia con el que buscava, y assi
interiormente diria: Este arbol parece sauce, y afirmava en el
primer modo en quanto juntava la idea de sauce à la de aquel
arbol; mas no en el segundo, porque no hallando entre el arbol presente, y
el sauce la relacion necessaria que debia corresponder à su experiencia,
no assentia à que lo fuesse. Del mismo modo pensaria en otros arboles, y
de ninguno lo afirmaria con assenso hasta llegar al almendro.
68 De otro modo le sucede à Ticio,
que paseando con serenidad de animo, ve à Crisias su mayor enemigo, que
quiso tal vez en otro tiempo quitarle la vida, y la fama. Luego que Ticio
le descubre, percibe à Crisias, y junta la idea de enemigo, diciendo
dentro de sì: Crisias es mi enemigo; Crisias me quiso quitar la vida;
Crisias intentò quitarme la fama. Pero al mismo tiempo se le excita à
Ticio la memoria del agravio, y maldad de Crisias, y los afectos de ira,
de odio, ù de venganza. Ello le executa en Ticio tan aprisa, que casi lo
mismo es ver à Crisias, que suceder todo lo referido. La primera
percepcion de Crisias, que tuvo Ticio, no fue voluntaria, puesta la
aplicacion en el modo dicho. Tampoco lo fue la memoria del agravio, y de
la ofensa. Lo son solamente los juicios, ò proposiciones propuestas, y los
son mucho mas los juicios que suelen seguirse à los afectos, como si Ticio
llevado de la ira dixesse: He de vengarme, y otros semejantes.
Aqui se han de distinguir los afectos, è inclinaciones que se excitan en
Ticio quando ve à Crisias, de los juicios que de ordinario suele Ticio
juntar con ellos, porque el primer movimiento de aversion àzia Crisias,
excitado de la primera percepcion que aquèl tuvo deste, no es voluntario,
y los Filosofos le llaman motus primo primus; pero los juicios
que suelen acompañar aquellos movimientos, son voluntarios, y puede Ticio,
y debe apartarlos, y en algunas ocasiones aplicar todas sus fuerzas para
reprimirlos.
69 Siguese de lo dicho, que los
errores estàn en el juicio, y que debemos trabajar en dirigirle con
acierto para proceder con rectitud, en el examen de la verdad. Tambien es
de notar, que han de distinguirse las operaciones libres del alma, de las
que no lo son, porque este conocimiento importa mucho para poder hacer
buen uso de nuestra libertad. Algunos Modernos hacen actos de la voluntad,
y no del entendimiento, al assenso, y dissenso, y por
consiguiente al juicio; y lo fundan en que à nuestro alvedrio
consentimos en las proposiciones, ò dissentimos à ellas quando queremos,
lo que parece propio de la voluntad. Esta question la tengo por poco util
para hallar la verdad, y evitar el error en las Artes, y Ciencias. Lo que
Yo juzgo es, que en el alma no son potencias distintas el entendimiento, y
voluntad, sino que son el alma misma en quanto piensa, y quiere, y que
estas denominaciones, y distinciones de potencias solo se toman de los
diversos actos que exercita; y assi siempre que piensa, ya sea imaginando,
ya sintiendo, ya acordandose de las cosas, ya hallandolas, ya
combinandolas, lo hace el alma por una fuerza que llamamos
entendimiento; y siempre que ama, ù aborrece, assiente, ò
dissiente à las proposiciones, lo hace el alma misma, y aquella fuerza con
que libremente exercita estos actos llamamos voluntad.

Capitulo XIV
Del raciocinio.
70 Suele el entendimiento percibir
facilmente la verdad de los primeros axiomas, pero apenas empieza à
exercitar la razon, quando todas las verdades algo dificiles las averigua
por el raciocinio. Esta facultad, ò fuerza de razonar que tiene el hombre,
es la que le distingue de los brutos, y con ella inventa tantas, y tan
prodigiosas obras como cada dia halla, la industria humana. Siempre que al
entendimiento se le presentan algunos objetos para assentir, ò dissentir à
la identidad dellos, necessita del razonamiento, y aquella operacion del
alma que hemos llamado juicio con la qual afirmamos, ò negamos
las cosas assintiendo à la verdad, ò la falsedad della (65), es siempre
una proposicion que razonando deducimos de otras. No ay ningun hombre por
insensato que sea, que no piense tener razon quando afirma, ò niega una
cosa de otra, porque no ay ninguno que no funde su assenso en algunas
premissas. Hasta los niños deducen unas cosas de otras luego que empiezan
à comunicar con las gentes. Es verdad que no se hace esto poniendo
proposiciones en forma filogistica, como lo hacemos ya adultos, y
enseñados, pero se executa por un raciocinio natural, y con natural Logica
de que todos gozan, y con que concluyen una cosa de otra. Por exemplo. A
un niño se le pregunta, por què no va à la escuela? Y responde: Porque
el Maestro castiga a los muchachos que no saben la leccion. Esta
respuesta incluye dentro de su entendimiento estas razones: El Maestro
castiga à los que no saben la leccion: yo no la sè: luego me
castigarà; ò estas otras: El Maestro castiga à los que no
estudian: luego sino estudio me castigarà: Yo no quiero estudiar porque
quiero roholgarme, pues no voy à la Escuela. Del mismo modo razona un
adulto cuando ha de assentir, ò dissentir à una cosa, de suerte que
siempre antecede, ò acompaña al assenso aquel numero de proposiciones, y
coordinacion que se requiere para convencerse.
71 De aqui se infiere, que el error
en las premissas induce error en la proposicion que se deduce de ellas. Y
es digno de consideracion, que casi siempre erramos por assentir à las
premissas, y por no examinarlas como es necessario para enterarnos de la
verdad. Por exemplo. Se propone à Ariston una gran dignidad peligrosa para
la conciencia, y util para conseguir la vana ostentacion del mundo. Hace
varios discursos sobre si le convendrà, ò no admitirla, y se resuelve à
esto, porque dice: La dignidad que se me presenta me engrandece, me
hace rico, me coloca en superior grado respeto de los demàs hombres, me
dispone para engrandecer mis parientes, me da ostentacion y me da
autoridad; todas estas cosas me convienen: luego esta dignidad me
conviene. Pongamos aora que Ariston fuesse uno de aquellos hombres
que conocen enteramente los engaños del mundo, y presentandole la dignidad
diria: Quanto mas alto estuviere, mayor serà mi caìda, mayores mis
obligaciones, menores mis fuerzas para cumplirlas. Los cuidados que lleva
consigo esta dignidad son grandes, mi flaqueza es mucha. El tener
riquezas, ostentacion, grandeza, y comodidades hincha el amor propio,
despierta las passiones, empeora la condicion: què serè yo pues en aquella
dignidad sino un hombre grande, y sossegado al parecer, pero muy pequeño,
y abatido en la realidad? Y por estas razones desprecia el cargo. No
ay hombre que no razone desta, ù otra manera semejante para
juzgar, y hacer las cosas. Si yerra, comunmente yerra en las
premissas tomando por bueno lo que no lo es, ò teniendo por verdadero lo
que es falso. Piense cada uno un poco con lo que le sucede en el trato
civil del Mundo, y verà como en esto digo verdad.
72 Alguna vez està el error en la
consequencia, pero muy pocas, porque con sola la Logica, y razon natural
conocen los nombres si los juicios tienen entre sì conexion. Por esto los
hombres comunmente caen en el error, por ser faciles en assentir à las
premissas, y muy raras veces por las malas consequencias. La consequencia
no es otra cosa, que la conexion, ò enlace necessario que tiene una
proposicion con otra, de que nos aprovechamos para probarla. Esta conexion
es tan clara, que el alma con la fuerza de razonar facilmente la conoce.
El P. Feijoò dice, que todo hombre de buena razon al momento que sobre
materia que tiene estudiada se le propone un silogismo vicioso, sin
atencion à regla alguna, y aun sin memoria, y estudio della, conoce que es
defectuoso, sin duda porque conoce que no ay conexion entre la proposicion
ultima, y las antecedentes. No obstante como en las Escuelas se tratan
materias dificiles, y es muy loable el estilo de averiguarlas con la forma
silogistica, tengo por buena la practica, y costumbre de mostrar à los
principiantes las reglas de silogizar, bien que me consta por
experiencia, que con el uso, y exercicio se aprenden mejor que con tanta
baraunda de reglas, y modos como se suelen enseñar, los quales si se
reduxeran à una medida reglada, serian mas utiles.
73 Pero como yo no escrivo esta
Logica pira los que siguen el curso de las Escuelas, ni con el fin de
hacer los lectores contenciosos, y porfiados, por esso me contentarè con
insinuar un modo facil con que todos puedan con mediana reflexion conocer
el defecto, ò bondad de qualquiera silogismo. Por silogismo se entiende un
razonamiento compuesto de tres proposiciones, de las quales las dos
primeras se llaman premissas, y la otra consequente,
pero el enlazamiento, y necessaria conexion deste con aquellas se llama
consequencia. Por exemplo: En este razonamiento: Todo hombre
es animal; Pedro es hombre: luego Pedro es animal. Las dos primeras
proposicioncs son las premissas, y sirrven de prueba incontestable à la
tercera proposicion que es el consiguiente. Mas hallando el entendimiento
necessaria conexion entre este consiguiente, y las premissas, la muestra
con la particula luego que significa la consequencia. De las dos
premissas la primera se llama mayor, y la segunda menor
.Las cosas que en las proposiciones afirmamos ò negamos llamamos
extremos.
74 Este arte se funda en algunos
axiomas, y en especial en esta proposicion que alcanzamos con la luz
natural: Las cosas que son una misma que un tercero, son unas mismas
entre sì. Conque siempre que el entendimiento ha de hallar la
identidad de dos cosas que busca, acude à ver si estas dos cosas tienen
identidad con otra tercera, y siendo assi, por el propuesto axioma
concluye que tambien la ay entre las mismas cosas. Assi queriendo probar
la identidad entre la idea de Pedro, y la de animal, busca un tercero con
quien estas dos colas tengan identidad, y hallando que la tienen con la
idea del hombre, de aì concluye que tambien las ideas de Pedro, y de
animal la tienen entre sì. Los Geometras tienen otro axioma muy semejante
al propuesto, es à saber: Las cosas que son iguales à una otra, son
iguales entre sì; y con èl descubren muchas verdades probando la
identidad de dos extremos con un medio, y deduciendo despues la identidad
dellos entre sì. Mas como la prueba de la identidad de dos extremos con el
medio pueda hacerse de muchas maneras, por esso los Filosofos traen tantas
reglas que, à la verdad, muestran los diversos modos con que pueden
disponerse los extremos, y medio termino de las premissas, para deducir
bien la consequencia. Pero como tanta muchedumbre de modos cargue
demasiadamente la memoria, y sin el estudio dellos con solo el buen
exercicio de la razon, sepa qualquiera inferir una cosa de otra, como ya
hemos dicho, por esso los omitimos, y si algunos lectores quisieren
verlos, podràn facilmente en tanto numero de Cursos Aristotelicos como ay
escritos.
75 Aora para la comodidad de
aquellos que sin el socorro de reglas, y modos como se proponen à los
principiantes en las Escuelas, desean conocer si està concluyente, ò no un
silogismo, darè una regla general con la qual podrà alcanzar con mediana
atencion si està bien, ò mal formado. Consiste esta regla en que para que
todo silogismo estè bien dispuesto, ha de tener el consequente
incluido en una de las premissas, y la otra premissa ha de
manifestarlo. Sea exemplo el silogismo propuesto (73) en el qual el
consiguiente: Pedro es animal està incluido en la mayor: Todo
hombre es animal: y la menor: Pedro es hombre, muestra que
està contenido en la mayor. Otro exemplo, se duda si concluye este
silogismo: El hombre de bien debe alabar aquellos que hacen las
operaciones virtuosas: Los que dan limosna à los pobres, y assisten a los
enfermos, hacen operaciones virtuosas: luego el hombre de bien debe alabar
à los que dan limosna à los pobres, y assisten à los enfermos: y para
salir de la duda no es menester mas que considerar que el consiguente:
El hombre de bien debe alabar à los que dan limosna à los pobres, y
assisten à los enfermos, està incluido en la mayor: El hombre de
bien debe alabar aquellos que hacen operaciones virtuosas; y la menor
muestra que el consiguiente està contenido, mostrando que el dar limosna,
y assistir à los enfermos son operaciones virtuosas. Proponese al examen
la bondad de este silogismo: El Evangelio promete la salvacion à los
Christianos: ay malos que son Christianos: luego el Evangelio promete la
salvacion à los malos; y claramente se vè que no concluye, pues el
consiguiente no està incluido en ninguna de las premissas. Porque la
palabra Christianos en la mayor no significa à todos los
Christianos, antes solo representa a algunos, entre los quales no se
incluyen los malos Christianos, de que se sigue que este consiguiente:
El Evangelio ofrece la salvacion à los malos, no està incluido en
la mayor, que solo habla de algunos, es à saber, de los buenos. Si la
palabra Christianos se tomàra generalmente por todos los
Christianos, en tal caso era concluyente el silogismo, pero la mayor fuera
falsa. Tampoco concluye este silogismo: Los Obispos no son Jueces
Seglares: La ley divina manda obedecer à los Jueces Seglares: luego la ley
divina no manda obedecer à los Obispos; porque la conclusion no està
contenida en ninguna de las premissas, pues aunque la mayor
muestra que los Obispos no son Jueces seglares, la menor no dice
que la ley divina solamente aya mandado obedecer à los Jueces seglares con
exclusion de otros, lo que era menester para contener al consiguiente. Del
mismo modo puede resolverse el antiguo sofisma de que hace ya mencion San
Agustin, es à saber: Vos no sois lo que yo soy, yo soy hombre: luego
vos no sois hombre. Porque la conclusion no està incluida en la
mayor, pues en èsta la palabra hombre se toma
individualmente en quanto representa un solo, y determinado hombre, y esto
lo hace ver la menor que dice: Yo soy hombre; y como en la
conclusion se tome la voz hombre generalmente, es claro que no se
contiene en ninguna premissa, porque el universal no se contiene baxo el
particular. Otros exemplos à este modo pueden verse en el Arte de
pensar, y si se hace un poco, de reflexion toda la falta de los
silogismos se reduce à este principio de no contenerse el consiguiente en
alguna de las premissas, de modo que bien atendido se conocerà su
certidumbre, y utilidad.
76 Los entimemas, esto es,
argumentos, ò raciocinios de dos proposiciones, se reducen à silogismos de
suerte, que el entimema dentro del entendimiento siempre es silogismo,
porque siempre ay alguna proposicion que sirve para enlace de las demás, y
no se publica con la lengua, pero suele ser tan manifiesta por lo
ordinario, que facilmente puede qualquiera conocerla. Ha salido el
Sol: luego es de dia, es entimema, que dentro del entendimiento se
reduce à este silogismo: Siempre que ha salido el Sol yà es de dia:
aora ha salido el sol; luego es de dia. La primera proposicion del
entimema se llama antecedente, la segunda consequente.
En el trato civil ningun raciocinio es tan comun como el entimema, y tiene
la comodidad de no cansar à los oyentes con importuna expression de
aquellas cosas que à cada uno claramente se le presentan. Por otra parte
gustan los que oyen de añadir algo de lo suyo à los razonamientos de los
otros, y si los que hablan prueban las cosas por silogismos, nada dexan à
los oyentes que pensar. Por esso hablando Aristoteles del entimema dixo:
Si alguna de las cosas es de suyo sabidas, no se ha de decir, porque
yà lo suple el que oye
(18). Los Poetas, y Oradores usan con mucha frequencia del
entimema. Es admirable el que ay en estas razones de Medèa, que se hallan
en Quintiliano: Pude guardarte, y me pides si podrè perderte Y el
entendimiento forma este silogismo: El que puede guardar una cosa
puede perderla: yo te he podido guardar: luego te puedo perder.
Algunas veces se usa del entimema con mucha elegancia en las Oraciones.
Ciceron dice desta manera: Quiere Antonio la paz? Dexe las armas;
y es lo mismo que si huviera dicho: Antonio no dexa las armas: luego
no quiere la paz.
77 Aqui se ha de advertir, que assi
en los escritos, como en el trato civil es mucho mejor usar de un discurso
seguido compuesto artificiosamente de entimemas, ò silogismos enlazados,
sin la forma, ni las reglas, que el llenar un assunto de argumentos que
tiran à probarle con la baraunda de premissas, y consequencias. Porque yà
notò muy bien un Autor Moderno, que el Arte silogistico de los
Aristotelicos no aprovecha para descubrir la verdad, sino yà conocida èsta
para mostrarla, y hacerla entender à los demàs. Por esta razon serà bien
que el silogismo, y qualquiera razonamiento se acomode à la disposicion
que ay en los hombres para entender la verdad, quando se les intenta
persuadir. Y no ay duda que si se ha de probar una cosa que tenga muchas
partes, y se hace con la forma silogistica al modo de las Escuelas, el
entendimiento se distrae, porque à las veces yà no se acuerda de la
proposicion que se pretende probar y quando èsta queda demostrada se
olvida de las demàs. Por otra parte es sumamente seco un argumento en un
libro lleno de pruebo la mayor, y pruebo la subsumta,
etc. como puede verse en este exemplo. Se ha de probar el pecado original
por las miserias de los niños, y segun el metodo de las Escuelas se arguye
desta manera: Los niños no pueden ser infelices, y miserables, sino
por castigo de algun pecado que ayan contraido en su origen: es cierto que
son infelices, y estan llenos de miserias: luego es por el pecado
original. Pruebase la mayor: La miseria de los niños ha de proceder de una
destas quatro causas, es à saber, ò de pecados cometidos en alguna otra
vida, ò de la impotencia de Dios que no puede librarlos, ò de la
injusticia del Criador que los castiga sin motivo, ò del pecado original:
es impiedad el decir que proceden de alguna de las tres primeras causas:
luego nacen del pecado orginal. Pruebase la menor del primer
silogismo: Los niños padecen muchas incomodidades à que no estan
sujetas las bestias (puede verse para prueba lo que hemos dicho en el
cap. 9. num 43.) luego son miserables.
78 Qualquiera puede conocer, que
este modo de probar las cosas, demàs de los inconvenientes propuestos, es
cansado, y enfadoso, porque obliga à repetir muchas veces una misma
proposicion, y hasta que èsta se prueba, queda el oyente en duda, lo que
causa molestia al entendimiento. Por esso es mejor, como ya dixe, proponer
la proposicion, y sus pruebas enlazandolas à la manera de un discurso
seguido, y continuado. Vease con què energia probò San Agustin el pecado
original por las miserias de los niños, sin silogismos, y quanto dista en
la eficacia, y dulzura este modo de probar una cosa, del propuesto.
«Considerese, dice el Santo Doctor, la muchedumbre, y grandeza de los
males que oprimen à los niños. Contemplense en los primeros años de su
vida dominados de la vanidad, y llenos de penas, de dolores, de ilusiones,
y de temores vanos. Despues quando ya son crecidos, y comienzan à servir à
Dios, el error los engaña, el trabajo, y dolor los enflaquece, la
concupiscencia los inflama, la tristeza los abate, el orgullo los
ensobervece; y en fin quièn podrà representar con pocas palabras tanta
diversidad de penas que oprimen à los hijos de Adan? El conocimiento, y
evidencia de estos trabajos obligò à los Filosofos Gentiles, que ni
sabian, ni creìan en el pecado de nuestro primer Padre, à decir que
aviamos venido à este mundo à padecer los castigos que merecemos por
delitos cometidos en otra vida distinta desta, y que por esto nuestras
almas avian sido unidas à cuerpos corruptibles, por el mismo genero de
suplicio que usavan los Tiranos de Toscana, juntando los hombres vivos con
los muertos; mas esta opinion de los Gentiles la rechazò el Apostol. Què
dirèmos pues, sino que la causa de tan terribles males ha de ser, ò la
injusticia de Dios, ò su poco poder, ò la pena del primer pecado del
hombre? Pero no siendo Dios injusto, y siendo infinitamente poderoso,
solo resta lo que vos no quereis conceder, aunque debeis
confessarlo contra vuestra voluntad, es à saber, que el yugo tan pesado
que llevan los hijos de Adan luego que salen del vientre de su madre,
hasta el dia en que entran en el seno de la tierra, no puede proceder de
otra causa, que de algun pecado que contraen en su origen».
79 Ciceron usò con mucho primor
deste modo de silogismos quando defendiò à Sexto Roscio Amerino de la
acusacion que se le hacia de parricidio; y no obstante de estàr poco
versado, segun dice èl mismo, en el exercicio de orar, juntava las pruebas
con las proposiciones con tal energìa, y arte, que no puede verse en este
assumpto cosa mas exacta; y à la verdad, si se mira con cuidado toda
aquella oracion, se hallarà compuesta de silogismos enlazados con
admirable artificio. Dirà alguno, que esto es peculiar, y propio de la
Oratoria, y que es distinta cosa el silogismo de los Retoricos del de la
Logica; pero repongo, que son uno mismo, y solo se diferencian en lo que
llaman algunos formalidad, que es decir en aquella expressa, y
ordenada colocacion de premissas, y consequencia segun reglas, y modos, lo
qual suelen hacer los Logicos, y no los Oradores. Pero en la realidad el
silogismo, sea con aquel orden de figuras, ò sin èl, siempre es logico,
porque siempre es manifestacion de una verdad por la conexion de otras. No
desapruebo yo el uso de la formalidad en la varandilla de las
Escuelas, antes conozco que es muy del caso, como no se haga con
sofisterìa; pero fuera della tengola por inutil, seca, y desabrida, de
suerte que ya los buenos Escritores usan de silogismos para manifestar la
verdad, pero dissimulados con el arte que llevo propuesto.

Parte II
Capitulo I
De la verdad, y los diferentes modos de
conocerla.
80 Todos los hombres aman la verdad, y
todos la pretenden alcanzar, y no ay ninguno, que abiertamente juzgue de
las cosas, creyendo oponerse à ella. Por esta razon dixeron algunos, que
las verdades que los hombres alcanzamos en este mundo, no son mas que
particulas de la verdad eterna, è inmutable: por lo menos es cierto, que
Dios, que es la misma verdad, ha sellado en los corazones de los hombres
la imagen della de modo, que no ay aun entre las mas barbaras naciones
hombre alguno, que en sana razon no presuma conformarse con ella. Para
comprender con mas fundamento què es la verdad, hase de presuponer que
Dios ha dispuesto todas las cosas con orden, y con leyes correspondientes
à su infinita sabiduria. Los movimientos que exerciran los cuerpos ya
acomodandose à su gravedad, ya dirigiendose en linea derecha, ya en otras
muchas maneras diferentes, no son otra cosa, que el orden establecido en
el Universo por el Criador entre las cosas materiales, y comunicado por el
mismo à los cuerpos para que se muevan, conformandose con sus soberanos
fines. La rectitud, la caridad civil, la justicia, y demàs virtudes
morales, son aquel orden que Dios ha establecido entre los habitadores del
mundo, orden à la verdad eterno, è impresso en los corazones, de los
hombres. En todas las cosas pues, ya sean fisicas, ya morales, se halla
cierta conformidad, y orden correspondientes a la voluntad del
Todopoderoso. Si nuestros pensamientos, quando tienen por objeto à estas
cosas, se conforman con el sobredicho orden, son verdaderos, si no se
conforman, son falsos. Serà pues la verdad: La conformidad de nuestras
ideas con las cosas.
81 Para mayor claridad, serà bien
colocar las verdades, que puede alcanzar el hombre, en dos classes: unas
son intelectuales, otras morales. Llamo intelectuales todas
aquellas cuya presencia ilustra mucho al entendimiento, pero si no se
posseen, no por esso se pierde la verdadera felicidad humana; y llamo
morales aquellas que son necessarias para que el hombre consiga
su eterna felicidad. Ay algunas verdades que nos es necessario saber, y ay
otras que es muy bueno saberlas, mas no es delito ignorarlas. Por exemplo:
Que el hombre sepa la fabrica del mundo, el curso de los Astros, las
calidades de las aguas, y otras cosas semejantes, es ciertamente muy
bueno, mas no es necessario para conseguir su ultimo fin; pero el que sepa
los documentos de Jesu Christo, y de su Iglesia, las obligaciones de
Christiano, y de hombre de bien, le importa, y es necessario para alcanzar
su eterna felicidad. Por esta razon el estudio de la Filosofia Moral es
muy necessario; y cada vez que pienso en esto, me lastimo de verle tan
poco estimado entre los Filosofos, haciendo alarde de hinchar el celebro
con algunas questiones, en que solo se logran apariencias de verdad, y à
lo mas algunas verdades, que comparadas con las sobredichas, son de ningun
momento. En esta obrilla me ceñirè solamente à tratar de aquellas
verdades, que se consiguen con el estadio de las Artes, y Ciencias, bien
que si por incidencia se ofrecen, no omitirè algunas, que pertenecen à la
Filosofia Moral. De lo que hemos dicho no se ha de inferir, que las
verdades que se enseñan en las Ciencias no han de buscarse, porque no es
lo mismo no ser necessarias algunas dellas, que no sel muy utiles. No dudo
que à las veces importa no trancender à cosas que el hombre no tiene
fuerzas para alcanzar; pero es cierto, que la ignorancia es madre del
vicio, y se ha de trabajar en apartarla con todo esfuerzo: por otra parte
si el entendimiento no recoge buen numero de verdades que le sirvan de luz
para ilustrarle, còmo informarà rectamente à la voluntad?
82 Para governarse con acierto en la
inquisicion de la verdad, serà bien ver lo que el P. Mabillon aconseja en
el tratado de los estudios Monasticos, cuya letura encargaria Yo à la
joventud, del modo que Horacio encargava à los Pisones los exemplares
griegos. Dice el P. Mabillon, que el estudio ha de tener por fin la gloria
de Dios, y el provecho de los hombres, y no ay que dudar que sabiendo
seguir esta importante maxima, se aprenderàn las verdades con metodo, y
utilidad. Porque facilmente se echa de ver, que ha de ser nuestro
principal estudio el de la Religion, el de la Filosofia moral, y todos los
que à èstos pertenecen. Hanse de seguir despues los que sirven à la
utilidad humana, y al bien de la publica sociedad. Por esta razon el
estudio de la Theologia, y de la Filosofia moral son preferibles à
qualesquiera otros. El de la Jurisprudencia, y Medicina son
importantissimos al genero humano, y por tanto de suma consideracion. El
conocimiento de las lenguas, de la historia, de la antiguedad, de la
erudicion, y otros semejantes son buenos en quanto son neccessarios para
adquirir con toda perfeccion à los sobredichos. Finalmente la Logica es el
alma, digamoslo assi, de todas estas verdades, porque dirige al juicio,
sin el qual nada puede aver bien ordenado en tanto numero de pensamientos
que ocurren al hombre en la dilatada carrera de los estudios.
81 Mas como este breve escrito le
enderezamos à los que no estàn bien enterados destas cosas, por esso es
necessario advertir, que el hombre alcanza la verdad con toda certidumbre
por uno destos dos medios, ò por la ciencia, ò por la Fè divina. Por
ciencia entiendo un conocimiento claro, evidente, y manifiesto de las
cosas, y deste modo alcanzamos la verdad de los primeros axiomas. Tambien
tenemos ciencia de nuestra existencia, de que pensamos, y finalmente de
aquellas maximas experimentales que se han establecido con el largo uso, y
practica constante de hombres sabios. Debese tambien advertir, que muchos
de nuestros razonamientos tienen por premissas un axioma de los que
conocemos por luz natural, y una verdad de aquellas que constan por
experiencia. Yo sè que el todo es mayor que su parte por luz natural, sè
tambien por experiencia, que el Mundo es todo, y Valencia parte, y deduzgo
muy bien que el Mundo es mayor que Valencia. Muchas verdades practicas
assi de la Matematica como de la Fisica, se alcanzan desta manera, ù otra
semejante. El otro medio con que alcanzarnos la verdad es la Fè divina, la
qual nos enseña verdades certissimas, è infalibles reveladas por Dios, que
ni puede engañarse, ni engañarnos. La Fè humana està expuesta à muchos
errores, porque se funda en la autoridad de los hombres faciles en errar.
Y siendo preciso que el hombre aya de conocer muchas cosas, de las quales
no puede tener ciencia, ni le constan por Fè divina, por esto le es
necessaria la Logica para poder alcanzar con ella la verdad, y evitar los
errores que estorban conseguirla.

Capitulo II
De la ignorancia.
84 Ya hemos dicho en la primera
parte que la voluntad ama, ò aborrece las cosas, segun las propone el
entendimiento. Tambien hemos dicho, y es menester repetirlo muchas veces
que aunque el hombre nazca con profunda ignorancia de las cosas, y no
tenga conocimiento dellas hasta que exercita la razon, no obstante tiene
fuerza inata de razonar, combinar, y deducir unas cosas de otras, y
finalmente de conocer la verdad de los primeros axiomas. Por esta fuerza
conocemos lo bueno, y lo distinguimos de lo malo aun en los primeros años
en que empieza à rayar la razon, ò como dicen otros: Quando empieza à
reynar la malicia. Si un niño hurta alguna cosa, ò acusa injustamente
à otro, ù hace alguna otra cosa mala, y juzga que sus padres, ò amigos lo
han de averiguar, ù saber, se escondo, y huye de su presencia, porque por
la fuerza de la naturaleza conoce la maldad de su procedimiento.
85 Esta luz de la razon es concedida
à todos los hombres, pero por las passiones, afectos, placeres sensuales,
y finalmente por la flaqueza del hombre mismo se debilita, y se ha de
cuidar continuamente en apartar la ignorancia que la obscurece, y
ofusca. Por lo que toca pues à lo moral, nada la ilustra tanto, y le dà
tanto vigor, y claridad como las maximas del Evangelio de Jesu Christo, y
su Iglesia como ya hemos ponderado en la primera parte (44); pero
generalmente nada la pervierte tanto como la ignorancia. El hombre es
obligado à adquirir muchas noticias para no errar en algunas cosas. Ha de
vivir en compañia de los demàs hombres, ha de cuidar de tu salud, ha de
exercitar varios cargos, y en fin ha de vivir en el mundo. Està pues
precisado à adquirir varios conocimientos con que destierre la ignorancia,
porque su entendimiento no puede con ella informar rectamente à la
voluntad para exercitar bien sus operaciones. Por otra parte el Mundo es
una gran Feria, donde se exponen la verdad, la mentira, el error, la
opinion, y la ciencia. Si en el hombre reyna la ignorancia, facilmente
tomarà por bueno lo que es malo, y teñdrà por verdadero lo que es falso.
Importa pues recoger un buen numero de verdades, y axiomas para que sirvan
de fundamento al juicio, y aparten del alma las tinieblas de la
ignorancia.
86 Dirà alguno que no todos pueden
ser sabios y que sin tantas prevenciones ha avido hombres rudos, è
ignorantes en las ciencias, y han sabido lo necessario para alcanzar su
eterna felicidad. Yo respondo, que el mas necessario, y util
saber del hombre es saberse salvar, y al que tiene esta ciencia
le aprecio infinitamente mas que à quantos sabios tuvo la Grecia, ni puede
tener el Mundo. Tampoco dudo que algunas veces suele hallarse la ciencia
de bien dirigir las costumbres con la ignorancia de las demàs cosas suelen
enseñarse en el exercicio de las artes, y ciencias; pero tambien es cierto
que por lo comun es menester ilustrar al entendimiento, y apartar la
ignorancia de todas las cosas, porque con mayor facilidad puede deste modo
evitarse el error. Y aunque à todos està concedido el conocimiento de lo
bueno, y de lo malo, especialmente con los documentos de la Religion
Christiana (85); no obstante no puede dexar de considerarse muy util el
conocimiento de las Artes, y Ciencias, que ilustran al entendimiento, y le
perficionan. Lo que yo pienso es, que han de dirigirse con metodo los
estudios, para que no confundan al alma en lugar de ilustrarla; pero el
apartar à los hombres del estudio de las cosas, con el pretexto de no ser
necessarias, es dictamen nacido de la desidia, y de la pereza. Las
verdades todas tienen entre sì cierta conexion, y las unas aprovechan para
alcanzar las otras; y la ignorancia nos buelve estultos, y semejantes à
las bestias. Ay una gran semejanza entre lo que sucede en el examen de las
cosas que hace el entendimiento, y el que hace la vista. Aunque los ojos
esten sanos, y dispuestos a ver los objetos, no lo consiguen si la luz no
los ilumina. Del mismo modo, aunque en el alma estè la fuerza de alcanzar
la verdad, no puede conseguirlo mientras estè sumergida en la obscuridad
de la ignorancia. Para apartarla pues del entendimiento, se ha de cuidar
en adquirir quantas verdades sea possible, ya por el camino de la
experiencia, ya por la fuerza de razonar y ya meditando, ya con la
aplicacion, y el trabajo.
87 Ninguna cosa atrasa mas el
conocimiento de la verdad, y favorece à la ignorancia, que la pereza, y
ociosidad. Es ciertamente trabajoso el camino de la verdad, pero
deleytable quando se llega èsta à descubrir. Quando el entendimiento se
propone adquirir alguna de las verdades de la Geometria, siente al
principio como una repugnancia, y aspereza, que le distraen de su
proposito; pero si con voluntad constante continùa hasta conocer la
verdad, percibe un deleyte, y sosiego interior, que quita el desabrimiento
de aquel penoso examen. Esta falta de voluntad, y su poca constancia en
adquirir las verdades algo dificiles, es la causa principal de la
ignorancia; porque aunque todos amen la verdad, son pocos los que aman el
trabajo, y fatiga que son necessarios para conseguirla. Yo confiesso, que
despues de toda la aplicacion de que son capaces los hombres, y despues de
tantos estudios, serà mucho mayor el numero de las verdades ignoradas, que
el de las adquiridas, y esto ha de confessarlo qualquiera que no sea
adulador de sì mismo; pero no obstante hemos de aplicarnos con todo
esfuerzo en el modo que permita nuestra capacidad.
88 Para mejor comprender la
necessidad que tenemos de apartar la ignorancia, se ha de saber, que todos
los hombres tienen natural apetito de su felicidad. Con èste desea cada
qual todas aquellas cosas, que pueden hacerle feliz. Su verdadera
felicidad, y à que deben enderezarse todos sus cuidados, consiste en gozar
de Dios en la otra vida. Todas las cosas, que en esta miserable carrera
del mundo le aprovechan para conseguir aquella possession de Dios en el
Cielo, todas digo le hacen acà baxo en algun modo dichoso. Por esta razon
ama la virtud, y aborrece el vicio; apetece lo bueno, y huye lo malo,
porque la bondad, y la virtud le sirven para conseguir su felicidad
eterna; y lo malo, y el vicio le apartan della, y estorban su profession.
La verdad es un gran bien, y no ay hombre que no la ame; la ignorancia
acarrea el error, èste al vicio: conque el hombre para ser feliz ha de
adquirir la verdad, y apartar la ignorancia. Las principales verdades que
ha de adquirir el hombre son las de la Religion, y de la Filosofia Moral,
porque le son necessarias, como ya hemos dicho varias veces. Pero debe
tambien adquirir aquellas, que le hacen feliz en esta mortal vida, y no te
oponen, antes conducen à conseguir, la felicidad eterna. La salud hace al
hombre en algun modo dichoso; nò serà loable pues, que adquiera aquellas
verdades, que son utiles para mantenerla? La vida es un gran bien; nò serà
pues muy util al hombre el conocimiento de las verdades que sirven para
guardarla, y que averigue todos los medios conducentes para sostenerla? La
fama, la honra, las dignidades, y otras cosas semejantes, son parte de la
felicidad de que el hombre es capaz en este mundo; nò serà bien que sepa
como ha de adquirir estos bienes, como ha de mantenerlos, y como ha de
usar dellos con razon, y chistiandad? No ay duda ninguna, que es muy bueno
saber todas estas cosas, y mucho mejor el justo aprecio que debe hacerse
della; pero si domina la ignorancia, se confundirà todo, y en lugar de
buscar el hombre su verdadera felicidad, no hallarà mas que una dicha
aparente, y engañosa.
89 De la ignorancia destas cosas
nace tanto numero de engaños, que se observan en el trato civil de las
gentes. Porque se ha de saber, que de dos maneras faltan los hombres à la
verdad en el comercio comun de la vida: unos por mala fe, otros por
ignorancia. Aquellos dicen à sus proximos otra cosa de lo que en sì
sienten; estos les dicen lo que sienten, pero la ignorancia no les dexa
decir la verdad. Los primeros no la dicen, porque tiran à ocultarla; los
otros no la dicen, porque no llegan a conocerla. Los unos substituyen à la
verdad, la mentira, y el engaño; los otros con buena fe engañan, porque no
alcanzan la verdad: y si se hace un poco de reflexion con lo que sucede en
el trato civil de las gentes, hallarèmos ser muchissimo mayor el numero de
los que no dicen verdad por ignorancia, que el de aquellos que la ocultan
con malicia. La fealdad de la mentira, y el lustre de la
veracidad (assi llaman los Filosofos Morales à aquella virtud que
exercitan los hombres quando hablan lo que sienten) estàn bastantemente
explicadas por las Santas Escrituras, y el tratar dellas especialmente
toca a la Theologia Moral; pero la verdad que no llegamos à descubrir por
ignorancia pertenece à la Logica, y manifestarèmos el modo de adquirirla
en los capitulos siguientes.

Capitulo III
De la opinion, y pirrhonismo.
90 Grandes luces tiene el humano
entendimiento, segun lo que hemos dicho, y à la verdad son muy grandes si
saben los hombres hacer buen uso de ellas; mas no obstante en muchissimas
cosas con toda esta luz no puede llegar à la certidumbre. Aquellas
verdades, que son necessarias para conseguir la eterna felicidad, no solo
estàn impressas en los corazones de los hombres (85), sino tambien
propuestas, y aclaradas por la Iglesia Catolica; mas las otras no tan
importantes, ni necessarias las ha dexado Dios al examen de los hombres. Y
como los medios de que èstos se valen para alcanzar la verdad, suelen à
las veces inducirlos al error, o tal vez no bastan siempre para
conseguirla, por esto queda el entendimiento en la obscuridad, è
incertidumbre. Llamo pues opinion aquel conocimiento que nosotros
tenemos de las cosas sin evidencia, y sin certidumbre, y con recelos de
que puede no ser verdadero, porque aunque tengamos algunos motivos con que
apoyarle, no son tan claros, ni tan firmes, que no tengamos algun miedo de
que estè la verdad en el sentimiento contrario al nuestro. No entro yo
aqui à la averiguacion de las opiniones en el modo que tratan de ellas los
Theologos, solamente considero la opinion en quanto es un conocimiento
dudoso, esto es, con duda de si serà, ò no verdadero. En este modo llamò
un Autor Español à las opiniones eruditas ignorancias. Y si
atendemos al vasto imperio que tiene la opinion entre los hombres, con
razon la podrèmos llamar la Reyna del mundo. Con una ojeada à la
Medicina, Fisica, Jurisprudencia, y Filosofia, se verà el poderoso, y
dilatado dominio de la opinion. Quièn creyera, que una ciencia tan sublime
como la Theologia no avia de estar exempta desta contrariedad que induce
la opinion
(19)? No es menester mas que ver los diferentes rumbos de
Escotistas, Thomistas, y Suaristas, para conocer que esta ciencia està
llena de contenciones, y disputas.
(20)
91 Como la opinion no presenta al
entendimiento la verdad, sino la verosimilitud, y èsta puede juntarse con
el error, de esto nace que los que ligeramente dexan llevarse de las
opiniones con facilidad queden engañados. Los hombres deben trabajar en
alcanzar la certidumbre, ò la evidencia para assentir à las proposiciones,
y quando sea forzoso determinarse por la sola verosimilitud, es menester
pesar bien las razones que se presentan, evitar todas las cosas que pueden
engañar, y en especial no governarse por los juicios anticipados, ni
rumores populares. De suerte que en las cosas Fisicas, Medicas, en lo
Juridico, en el trato civil, en la politica, y otros assuntos semejantes,
tengo por cierto que nada se opone tanto à conseguir la verdad, como la
demasiada facilidad en assentir à las opiniones. Algunos Cartesianos
pretenden, que en tales cosas no debemos assentir, sino à lo que clara, y
evidentemente se nos presenta. No pido yo tanto considerando que es
fumamente dificil en muchissimos assuntos tener evidencia, pero à lo menos
no puedo dexar de encargar que no se consienta con facilidad à las
opiniones, y que se suspenda el juicio hasta enterarse mas de las cosas,
que en algunas ciertamente llegarà à conseguirse la verdad. La facilidad
en creer es propia de ingenios pueriles que creen quanto se los propone.
Suspunder el juicio esperando informarse mejor de las cosas, es de hombres
cuerdos que no quieren ser engañados
(21). Yo harè ver en esta segunda parte de la Logica, quanto
estan expuestos à errar los que son credulos, y faciles en assentir à las
opiniones. Considere qualquiera, un poco la flaqueza del humano
entendimiento, registre depues las opiniones de los Filosofos antiguos, y
modernos, observe con cuidado què cosas tan extravagantes enseñan assi
unos como otros, y bien atendidas estas cosas conocerà, que importa
muchissimo suspender el juicio, y no creer ligeramente. Ninguna cosa
es tan absurda, decia Ciceron, que no se halle apoyada por algun
Filosofo.
(22) Yo añado que no ay necedad, ni error por feo que sea, que
no aya hallado insignes aprobadores. Vease la variedad de Religiones que
ay en el Oriente, la diversidad de sectas, y heregias que infestan la
Europa, y finalmente considerese la multitud de Atheistas que han sacado
la cabeza en nuestros dias, y conoceremos quan aprobadas estan las maximas
mas ridiculas, erradas, y extravagantes. Pues passe aora nuestra
consideracion à lo que sucede en el trato civil, y què otra cosa
observarèmos, què rumores populares, hablillas de viejas, mentiras, y
patrañas insolentes autorizadas por hombres vanamente credulos, y
supersticiosos? Las divinaciones, y artes magicas, la charlataneria, y
otras semejantes maneras de engañar, nò estuvieran y desterradas del
mundo, si fueran los hombres cautos en creer? No es decible quanto
prevalece la opinion, ni es ponderable quanto dominan los errores por la
facil, y vana credulidad con que assienten los hombres à ella. Por esta
razon conviene observar con cuidado los varios caminos con que se cae en
el error, y la facilidad que las gentes tienen en en afirmar como cierto,
lo que solamente es dudoso, y tal vez falso. Conviene tambien mostrar al
entendimiento su flaqueza, lo expuesto que està à errar, y hacerle ver
quanto han delirado en algunos assuntos los hombres por otra parte
eruditos. Solo el tratado de la opinion que ha compuesto el
Marques de S. Aubin, es bastante para hacer conocer, que es dilatadissimo
el imperio de las opiniones, y que son infinitas las extravagancias que
han seguido algunos ingenios grandes, por aver sido faciles en assentir à
ellas. Mas esta suspension de juicio que yo pido para examinar las cosas
antes de assentir à ellas, ha de ser racional, es decir, ha de ser en
aquellos lances en que ay prudente motivo de desconfiar. Pero me diràn,
còmo conoceremos que ay razon bastante para dudar de unas cosas, y no de
otras? Respondo, que esse discernimiento es el que me propongo mostrar en
esta segunda parte de la Logica, y no dudo que el que no tuviere algun
estudio destas reglas, ò una luz, ò Logica natural muy clara, y perspicàz
ha de caer en muchos errores por su vana creencia; pero atendiendo con
cuidado los caminos por donde suele venir el error, podrà con mas
facilidad evitarlos, y estos caminos son los que en adelante hemos de
manifestar.
92 Mostrarè pues el modo de dudar
con prudencia, y suspender el juicio en los casos que sea necessario,
porque este dictamen tan acertado de no assentir facilmente a las
opiniones sin examinarlas, ò por mal entendido, ò por seguirse con
extremo, ha introducido en el mundo al Pirrhonismo, con que algunos (assi
lo refieren Autores graves) de tal modo dudaron de las cosas, que nada
afirmaron, ni negaron. San Agustin en varios lugares hace mencion destos
Sectarios, y rechaza sus opiniones. Empezò à suscitarse la duda por
desterrar el orgullo de los Sofistas, que logravan general estimacion, y
Socrates se opuso à las cavilaciones dellos
(23), y continuamente decia: Solamente, sè una cosa, es à
saber, que nada sè. Con esto rechazava aquel sabio Filosofo la vana
creencia de los Dogmaticos, y era una expression modesta de lo poco que
llegan los hombres à saber
(24). Es verdad que despues de Socrates se siguieron otros
Griegos, que hicieron abuso de la duda; mas nunca creerè que huviesse
ninguno, sino es que estuviesse loco, que dudasse tanto como se assegura
de Pirrhon. Dicese, que èste no se apartava de un cavallo desenfrenado,
porque dudava si corria el cavallo, ò estava quieto; que no afirmava su
existencia; que no sabìa si toda la vida era un perpetuo sueño, ò los
ensueños eran una menos viva vigilia: y despues todos los que han seguido,
ò han mostrado seguir este modo de filosofar, son llamados Pirrhonistas.
Yo no creo, digo otra vez, que Pirrhon, ni otro ninguno dudasse tanto; y
si huviera tenido todas estas dudas, no huviera logrado fama de tan gran
Filosofo en el Pueblo de Athenas, como supone Laercio. Lo que yo juzgo es,
que algunos Antiguos, por mostrar la agudeza de ingenio, ò por adquirir
reputacion, y fama, ò por amor de la novedad, ò por seguir distintos
rumbos, ò por refutar à los Sofistas, como hemos dicho, inventaron
semejantes dudas, y tal vez las escrivieron, y las publicaron; pero no
creo que en su interior assintiessen à lo mismo que publicavan, porque la
propia conciencia los avia de acusar con continuos remordimientos. A mas
de lo dicho, siempre me ha parecido muy bien fundado lo que escrive
Salustio de las cosas de los Griegos, es à saber, que nos las pintan sus
Escritores de mayor grandeza que la que tuvieron
(25). En nuestros dias algunos Modernos han renovado el
Pirrhonismo, es decir, la duda universal, entre los quales son de
señalar Pedro Boyle, y Miguel de Montaña; y tengo por cosa certissima, que
ninguno de los dos dudava de lo mismo que queria dar à entender que no
creìa, à lo menos es indubitable que lo hacian por ostentacion, y vanidad.
El mas atrevido fue Montaña, y sus libros embelesaron à la mayor parte de
los lectores, que fueron muchos. Era hombre de imaginacion fecunda, aviase
aplicado à comprender lo interior de los hombres, y tenia bastante
erudicion, y noticias de la antiguedad. Aprovechòse de todas estas cosas,
y juntandolas con una locucion audàz, y cavallerosa, embahucava à los que
no alcanzan à distinguir lo aparente de lo verdadero. Dudava de todo en
los escritos, y tal qual vez se le salia à los labios la afirmacion de
aquellas cosas que creìa el corazon; pero juntava à su ayre magestuoso, y
resuelto quatro versos de los Poetas antiguos, dos, ò tres apotegmas, ò
dichos sentenciosos de los Filosofos, añadia otras tantas razones
aparentes, y con estas prevenciones lo negava todo, y ganava acceptacion
entre los que no conocen estas cosas. Fuera muy facil descendiendo à lo
particular hacer conocer el poco juicio de Montaña; pero basta lo dicho
para que el que vea sus Obras lo advierta, y el que quisiere enterarse
mejor podrà ver al P. Mallebranche
(26), y al Autor del Arte de pensar
(27). Pedro Bayle fue Atheista muy preciado de docto, y sus
expressiones arrojadas, muestran que solo se aprovechò de la duda
universal por espiritu de contradiccion, y singularidad.
93 Mas como Autores muy
recomendables han sido apassionados al scepticismo, serà bien explicar con
mayor claridad en que modo puede èste tener lugar, y quando serà conforme
à la razon, y prudencia. En la antiguedad, dieron el nombre de scepticos à
todos los Filosofos que seguian la duda, esto es, que hacian
consistir la mayor parte de su saber en dudar de las cosas. Pero
pueden los scepticos dividirse en dos classes. Unos fueron scepticos
rigidos, otros moderados. Los rigidos eran dicipulos de Pirrhon, y por
esta razon se llamaron Pirrhonianos, y su sistema pirrhonismo;
los moderados siguieron à Socrates. Los primeros dudavan de todo, de modo
que hasta lo mas cierto, y evidente ponian en duda. Los segundos afirmavan
muchas cosas, y suspendian su juicio en otras. La historia, y argumentos
de que los Pirrhonistas se aprovecharon, pueden verse en Sexto Empirico.
San Agustin tratò con mucha claridad destas suertes de scepticos, y
rechazò los dogmas de los rigidos, como yà hemos dicho, declarandose
seguidor de los moderados. Impugnò à los Pirrhonistas baxo el nombre de
Filosofos Academicos, porque los dicipulos de Pirrhon se dividieron en
varias Sectas que llamaron Academicas, y baxo este nombre los impugna
tambien Ciceron
(28), aunque se conoce que el mismo fue sceptico moderado.
Algunos han puesto diferencia entre los Pirrhonistas, y Academicos; pero à
la verdad convenian todos en la duda universal, y se distinguian solo en
que los Academicos quando decian que nada se puede saber,
confessavan à lo menos que esto sabian, y aun esto decian no saberlo los
Pirrhonianos. Vease Aulo Gellio en las Noches Atticas, lib. II.
cap. 5. En nuestros tiempos se han declarado muchos à favor del sceptismo
moderado, y en España le han defendido el Dr. Martinez, y el P.M. Feijoò.
Mas yo he notado, que son muchos los scepticos que se tienen por
moderados, y dudan demasiadamente. Esto consiste en que la voz
moderados no determina hasta donde, y hasta que cosas se puede la
duda extender, y como cada qual piensa conformarse con la razon en lo que
hace, por esto los mas dellos creen que solo dudan como deben, esto es,
con moderacion. En esto no son scepticos. Enderezandose este
Escrito à descubrir la verdad, y aprovechando muchissimo para conseguirla
el suspender el juicio, y saber dudar con prudencia, por esso todo èl serà
una continua leccion para hacerse sceptico moderado en aquellas ocasiones
en que no pueda hallarse la verdad, ò en que es cierto que aun no la han
hallado aquellos que la piensan posseer.
94 Como yo apruebo, y aun quiero
persuadir el scepticismo moderado, solamente impugnarè aqui el
rigido, aunque estoy creyendo, que la Secta de Academicos, y
Pirrhonistas no fue Secta de Filosofos, sino de hombres mentirosos que
hablavan una cosa, y creian otra. Los fundamentos con que apoyavan la duda
eran: «Que los sentidos nos engañan, y por consiguiente no podemos por
ellos estar ciertos de la existencia de las cosas, que no podemos
distinguir el sueño de la vigilia, porque en ambos estados
pensamos, y quièn nos assegurarà que lo que llamamos
dormir es cosa distinta del velar, y al contrario? Por què tal
vez serà la vigilia un sueño menos fuerte, ò el sueño una vigilia menos
viva? Dicen tambien, quièn nos assegurarà la existencia de Dios? No los
sentidos, porque engañan; no la razon, porque quièn puede afirmar con
certeza que la razon en esto no nos induce al error? La nocion de lo
bueno, y de lo malo dicen que no es clara, porque se tiene noticia della
por las leyes que lo prescriven, y no por luz natural, y assi se puede
poner en duda.»
95 Todas estas razones, y otras
semejantes, no son mas que sofisterias que han inventado estos Filosofos
por mostrar ingenio, y agudeza. Seneca rechazò con varios argumentos el
delirio de los Pirrhonistas
(29), y Academicos, y son muy notables las palabras que trae en
la epistola 88. à Lucilio, donde dice: Aquellos, es à saber los
Pirrhonianos, enseñan una ciencia, que no puede aprovecharme.
Estos, es decir los Academicos, me quitan toda la esperanza
de saber. Aquellos no llevan alguna luz con la qual el entendimiento pueda
alcanzar la verdad. Estos me arrancan enteramente los ojos. Entre los
Christianos no puede tener lugar ninguno la universal duda, porque la Fè
divina destruye enteramente al Pirrhonismo, enseñandonos muchissimas
verdades certissimas, è infalibles. Los Pirrhonistas modernos no han hecho
caso desta infalibilidad de la Fè, pretendiendo que nunca puede
assegurarnos sus verdades sin el concurso de la razon, y siendo èsta
falible, suponen que lo serà tambien la Fè. Ya San Agustin rechazò este
vano argumento en el libro que escriviò de la Utilidad de creer,
contra los Maniquèos. Y si bien se considera la flaqueza del humano
entendimiento, facil serà conocer, que la Fè ilustra, y fortifica à la
razon, y èsta debe cautivarle, como decia San Pablo, en obsequio de la Fè.
Intentò Juan Clerico, famoso Critico, probar esta maxima de los
Pirrhonistas contra el citado libro de San Agustin; pero puede el curioso
ver la respuesta à sus objeciones en el tratado de la Moderacion de
los Ingenios en assumptos de Religion.
96 Mas precindiendo de las
infalibles luces de la Fè, puede cada qual convencerse del error de los
Pirrhonistas con solo atender à lo que passa dentro de sì quando duda.
Pongamos pues, que un Pirrhoniano dude de la existencia de Dios, de si
existe el mundo, y si existe èl mismo. Esto Filosofo duda, la
duda consiste en el pensamiento: luego piensa. Si piensa, existe, porque
no puede pensar sin existir. Dirà tal vez, que no puede afirmar si duda, ò
no de todas aquellas cosas; pero à lo menos serà cierto, que no puede
afirmar si duda, y esto es pensar, y consiguientemente supone
existir. Si para esta segunda duda se acude a otra, se seguirà el
infinito, que un Pirrhonista no se atreverà à conceder. Supuesto pues que
aya necessariamente de conceder que piensa, y existe,
avrà de confessar tambien, que tiene cierta inclinacion à lo bueno, y
aversion à lo malo (42), porque el testimonio, de su propia conciencia
estarà continuamente persuadiendole, y al fin avrà de admitir todos los
axiomas, y principios que hemos propuesto en los capitulos passados. Por
la idea del pensamiento, por la de su propia existencia, y de todas las
demàs cosas que se presentan à los sentidos, ha de confessar la existencia
de Dios (10), y todas las demàs verdades que dicta la razon natural. Y si
hace un poco de reflexion, facil serà distinguir el sueño de la vigilia,
la locura del sano juicio, porque en la vigilia ay exercicio de la razon,
y no en el sueño. Puede verse sobre esto lo que escrivì en mi primer tomo
de Fisica Moderna, cap. 4 trat.2.
97 Los sentidos no engañan, porque
el error suele estàr en el juicio que los acompaña, como veremos en el
capitulo siguiente: conque es falso lo que dicen los Pirrhonianos, es a à
saber, que no podemos alcanzar la verdad por los sentidos. Ni el
conocimiento que tenenios de lo bueno, y de lo justo depende solo de las
leyes, como suponen, porque si bien lo reparan las leyes de los Gentiles,
no son otra cosa que una explicacion del derecho natural, es dezir, de
aquella luz, ò razon natural que ay impressa en todos los hombres
(30). Los Legisladores Griegos, y Romanos se conformavan con
ella. Erraron en algunas cosas por la flaqueza del humano entendimiento;
mas ilustrada la razon natural, y fortificada con las divinas leyes de
Jesu Christo, y su Iglesia, dicta à los Christianos la rectitud & sus
operaciones. Por tanto las leyes de los Gentiles son, digamoslo assi,
hijas de la razon natural
(31), y mandan hacer bien, y huir el mal, porque la razon lo
dicta, no al contrario como suponen los Pirrhonistas. No es necessario
detenerme mas en esto, porque no creo que ningun Pirrhoniano sea hombre de
buena fee, y porque lo dicho en los capitulos passados, y lo que vamos à
decir en los siguientes es un continuo argumento contra estos sectarios.
(32)

Capitulo IV
De los errores que ocasionan los
sentidos.
98 La razon humana averigua las
cosas de dos maneras, ò por la fuerza de razonar, ò por los sentidos (20).
Del primer modo alcanza los primeros axiomas, y verdades que hemos llamado
razon, ò luz natural. Del segundo descubre la naturaleza, y propiedades de
los objetos sensibles, y corporeos. Y aunque sea verdad que las puras
intelecciones, y raciocinios no se excitan en el alma sino por las ideas
sensibles que antes tiene de los objetos (39), no obstante distinguimos
estas dos classes para señalar los errores que se mezclan en ellos
diversos modos de percibir las cosas, y empezamos à explicar los que tocan
à los sentidos, porque son las primeras sendas por donde camina el alma
àcia el conocimiento de la verdad.
99 Dicen algunos, que los sentidos
nos engañan con facilidad, y dicen bien; dicen otros, que el principal
criterio, esto es, el principal camino por donde se llega à la verdad, son
los sentidos, y tambien tienen razon. Consiste esto en que los sentidos
son fieles en representar las cosas segun se les presentan, y assi no
engañan; pero no obstante juzgando precipitadamente por el informe de
ellos, caemos facilmente en el error. Por esta razon ha de ponerse el
cuidado possible en assegurarse de las cosas que se ofrecen à los
sentidos, pues por ellos si se hace debido uso de sus operaciones, se
alcanzan muchas, y muy importantes verdades. Quièn podrà negar que muchos
descubrimientos utiles se deben à la experiencia? Y què la verdad que
sabemos por experiencia nos ilustra el entendimiento. Quanto de bueno
tienen, y enseñan la Fisica, Medicina, y Ciencias Fisico-Mathematicas,
debe su intrinseco valor à la experiencia. Tengo pues por suma necedad
negar aquello que consta por racional experiencia, y quando veo que
algunos lo hacen, no puedo atribuirlo sino à que no distinguen la
expericncia de los experimentos. El experimento es el hecho que observamos
con los sentidos; en el examen deste puede aver engaño: la experiencia es
el conocimiento racional que tenemos de una cosa por repetidos
experimentos. De aqui se sigue, que con dos, ò tres experimentos no
siempre ay experiencia, es menester à veces hacer muchos, repetirlos en
distintas ocasiones, y lugares, combinarlos, y assegurarse de los
sucessos, y despues de todas estas averiguaciones se logra aquel
conocimiento que llamamos experiencia. Esta si es racional es
certissima, porque si es racional se funda en experimentos hechos con toda
exactitud. Para hacerlos bien puede verse lo que sobre esto he escrito en
mi primer tomo de Fisica. Si el hombre està assegurado de la verdad por
racional, y bien fundada experiencia puede reirse con mucha satisfacion de
los Sofistas que con gran desembarazo dicen: Niego la experiencia; no
me hace fuerza la experiencia. Và un hombre por una senda poco
trillada à un lugar. La primera vez pierde el camino divirtiendose yà à
esta parte, ya à la otra, mas al fin llega al sitio que busca. Ofrecese
bolver segunda vez, y no bien assegurado va temeroso, tal vez buelve à
dexar el camino, y se desvia. Pero repitiendo distintas veces su viage se
hace dueño del camino, de suerte, que si se ofrece puede ir con los ojos
bendados, ò en una noche obscura. Si à este se saliera al encuentro un
Sofista, y le dixera que à donde iva, y respondiendo que à tal Lugar,
instasse el Sofista: No puede V.m. llegar à èl en manera ninguna, porque
me han dicho, y assegurado grandes hombres, que esse Lugar es
inaccessible, y la razon lo dicta, porque no ay senda, y porque ay passos
insuperables; quizà el otro con sossiego le responderia: Pues yo he
llegado varias veces al Lugar que busco, y tengo certidumbre que se
engañan essos Señores que à V.m. le han informado, y mas que esto lo sè
por experiencia. Aqui el Sofista dice: Yo niego essa
experiencia; mas el otro assegurado por la repeticion de los
hechos, no puede menos de reirse como reìa Diogenes quando estava
paseandose, y Zenon le decia que no avia movimiento.
100 De lo dicho se deducen dos cosas
certissimas, y es necessario observarlas para no caer en el error. La
primera es, que el que quiera assegurarse de la verdad por la experiencia,
ha de cuidar mucho en hacer los experimentos con exactitud, y con las
debidas precauciones para que no se engañe. La segunda es, que los hombres
que alegan à su favor la experiencia, no han de ser creidos hasta que
conste que en el exercicio de los experimentos pusieron el cuidado que es
necessario para no engañarse. O! dicen algunos, Fulano es gran Medico,
porque tiene ya muchos años de practica. No ay que dudar, que si la
experiencia de muchos años en la Medicina es racional, y fundada en buenos
experimentos, harà un gran Medico, porque Hipocrates no lo fue sino por la
larga, y racional experiencia; pero en esto se detienen pocos, y llaman
experiencia el visitar mucho tiempo à los enfermos, como si fuesse lo
mismo hacer experimentos, y observaciones, que hacerlas bien. El mismo
juicio ha de hacerse de aquellos, que toda su vida han vivido en perpetuo
ocio, sin cultivar la razon, ni aplicarse à los estudios, y no obstante
por solos sus años, y por sola su experiencia quieren forzar à todos à
seguir su dictamente. En contradiciendoles, luego se enfurecen, y gritando
dicen: Yo tengo mucha experiencia desto, V.m. es mozo, y ha visto
poco. Estos por lo ordinario son hombres de cortissimas luces, y la
multitud de sucessos los ofusca, no los alumbra, y si caen una vez en el
error, son incorregibles. 101 Mas
bolviendo à atar el hilo del discurso, mostrarè primero el modo con que
los sentidos nos engañan; y despues, còmo podemos por ellos assegurarnos
de la verdad. No ay ninguno, que si hace un poco de reflexion, no pueda
conocer por sì mismo, que alguna vez se ha engañado con la vista. Si un
hombre està en un navio quieto, y desde èl mira à otra nave que se mueve,
luego le parece que se mueve tambien la suya, y se lo hiciera creer la
vista si no le desengañàra la razon. Todos los dias vemos al Sol, y à la
Luna de una magnitud, sin duda mucho menor de lo que son en realidad, y
aun en el horizonte, esto es quando salen, nos parecen mayores que en el
Meridiano, y no es assi, porque son de invariable grandeza. Miremos una
Torre que està à la otra parte de un monte de modo que desta no veamos
sino el remate, y nos parecerà que està pegada al mismo monte, despues
mirando la misma Torre desde la cumbre del monte nos parecerà muy
apartada. He conocido, y tratado à un hombre que veia los objetos al
reves, y cada dia sucede que à los que padecen vahidos les parecen moverse
los cuerpos que estan quietos. Si hacemos dar bueltas en derredor à una
brasa encendida, nos parece que siempre ilumina todo aquel espacio, y en
la realidad la luz no està mas que en un punto del circulo que descrive la
brasa.
102 Del mismo modo nos engañan los
otros sentidos. Si cruzamos el indice, y el dedo mediano, y con
los dos movemos sobre una mesa una bolita de cera à la redonda, nos
pareceràn dos las bolas, y entonces nos engaña el tacto. En el Estio nos
parecen mas frias que en Invierno las aguas de pozo, y no lo estan, como
consta por el thermometro. Al enfermo parece amarga la bevida que es dulce
para el sano, assi nos engañamos por el gusto. Del mismo modo à uno parece
picante una cosa, y à otro salada; a veces un mismo manjar es dulcissimo
para uno, y desabrido, y tal vez aspero para otro. Esto es tan comun, que
no ay necessidad de detenerme en probarlo, y puede verse tratado muy
largamente en Sexto Empirico. Lo que toca especialmente à la Logica es
advertir, que el error que le comete por los sentidos està en el juicio,
que suele comunmente acompañar à las percepciones dellos. Ya hemos dicho
en la primera parte, que ay quatro cosas distintas en cada sensacion, ò
percepcion de objetos de los sentidos, y en ninguna de ellas se halla el
error, sino en el juicio que las acompaña (32), Para comprenderlo se ha de
saber, que desde que nace el hombre hasta que empieza a exercitar la
razon, no le ocupan otros objetos, que los sensibles (16). Hacese con la
continuacion à percibirlos de manera, que no examina en toda aquella edad
lo que le sucede quando percibe semejantes objetos, ni està dispuesto su
entendimiento para hacer este examen. Siguese desto, que cree, y juzga de
las cosas segun le parecen quando se le presentan à los sentidos, y no
segun son en sì, y por esso despues son los hombres tan porfiados en
mantener aquello que entonces juzgaron
(33), porque en aquella edad es blanda la fantasia, y las
huellas que se forman en el celebro suelen durar à veces toda la vida.
(34)
103 Resta tambien advertir, que los
sentidos de suyo son fieles, es decir representan, ù ofrecen las cosas
como à ellos se presentan, y si el juicio no erràra, no nos engañaran
jamàs semejantes percepciones. Para entender esto se ha de saber, que los
sentidos solo nos informan de las cosas segun la proporcion, ò
improporcion que èstas tienen con nuestro cuerpo, y no segun son ellas en
sì mismas, porque el Criador los ha concedido para la conservacion del
cuerpo, y no para alcanzar el fondo de las cosas; y si se hace un poco de
reflexion, qualquiera conocerà, que la vista no ve otro, que los colores
de los objetos, mas no la substancia de ellos. El oido percibe al sonido,
que no es essencial à los objetos sonoros; el tacto distingue lo frio,
caliente, duro, blando, aspero, igual, ò desigual de las cosas, y no el
verdadero sèr de ellas, porque para nuestra conservacion basta esto, y no
es necessario lo demàs. Por medio de todas estas afecciones de los objetos
externos aplicados à nuestros sentidos, podemos bastantemente percibir lo
que sea util, ò dañoso, proporcionado, ò improporcionado respeto de
nosotros. Mas para mostrarlo mejor, figuremonos que Dios huviesse hecho al
mundo no mas que de la grandeza de una naranja, y que huviera colocado en
èl à los hombres tan pequeños, que tuviessen con aquel mundo la misma
proporcion que oy tenemos con èste que habitamos; en tal caso es cierto,
que el mundo que aquellos hombres habitarian les pareceria tan grande como
nos parece à nosotros el nuestro, y lo seria si se considerasse segun la
proporcion que tenia con ellos, pero no en la realidad.
104 De todo lo dicho se deducen las
reglas generales, que han de servir para evitar los errores que los
sentidos ocasionan. Serà bien pues reflexionar sobre el juicio que en la
niñez hicieron los hombres quando percibian las cosas sensibles para
corregirle con la razon. Demàs desto serà conveniente assgurarse de las
cosas por muchos sentidos à un tiempo; assi aunque al tacto parezcan dos
las bolitas de cera (102), la vista muestra que no es mas de una; y aunque
parezca à la vista torcido el palo que està dentro del agua, el tacto
manifiesta la equivocacion de la vista. Tambien se ha de observar si los
organos de los sentidos estàn sanos, ò enfermos para juzgar de las cosas
rectamente, y esta consideracion es de suma importancia, porque en la
enfermedad suele mudarse todo el orden de las percepciones. Assi el que
padece tericia ve todas las cosas amarillas, las ve dando giros
el que padece vahidos; y à este modo se trastorna el orden
regular de las percepciones en las enfermedades, de lo que pudiera alegar
muchos exemplos. Esto acontece, porque en la enfermedad se muda la
vibracion de las fibras, y como las percepciones del alma corresponden à
ciertas, y determinadas vibraciones (28), por esso entonces à la vibracion
desordenada corresponde desordenada percepcion. Esto confirma, que los
sentidos de suyo son fieles
(35), porque siempre ofrecen la vibracion correspondiente à la
disposicion de los objetos que la causan, y de las fibras que la
exercitan, pero al juicio toca distinguir, y conocer si son, ò no regladas
semejantes representaciones. El medio por donde suelen propagarse los
objetos sensibles ha de observarse tambien para no errar, porque suele
hacer variar notablemente las percepciones. El ayre sereno nos hace ver
los objetos de un modo, y el nebuloso de otro. Del mismo modo altèra el
ayre las varias impressiones del sonido. Para assegurarse pues es
necessario examinar la cosa en distintos tiempos, y en diferentes estados,
consultar juntamente otros sentidos
(36), y llamar à su socorro el juicio de otros hombres sobre el
mismo assumpto, porque la verdad es simple, y los caminos àzia el error
son muchos, y quando se avrà andado por todos ellos, y no se avrà
encontrado embarazo, estarà el entendimiento dispuesto para
alcanzarla.
105 Todo esto es menester que
adviertan los que hacen experimentos, y professan las ciencias naturales,
si no quieren ser engañados en aquello mismo que observan. Ultimamente se
ha de advertir, que la equivocacion en las voces ha de quitarse quando se
explican las cosas que percibimos por los sentidos, porque ordinariamente
con una misma voz significamos à la percepcion del objeto, y al juicio que
la acompaña, siendo cierta la primera, y muchas veces errado el segundo.
Por exemplo: Ve Ticio desde lexos un perro, pero no divisa sino un bulto,
que tiene la forma exterior de un lobo, y si es timido luego dice:
Alli veo un lobo. Con estas palabras confunde la sensacion con el
juicio: la sensacion es cierta, y el juicio es falso; porque es cierto que
se le presenta un objeto que tiene quatro pies, y demàs partes que forman
la figura del lobo. Si Ticio dixera: Yo veo una cosa que tiene quatro
pies, y que se parece à un lobo, mas no puedo afirmarlo, diria lo que
realmente percibe; pero como sin otro examen que aquella primera
percepcion luego afirma, que lo que ve es lobo, por esso yerra, y si la
passion del miedo se junta, yerra con mayor tenacidad. Si la voz
veo significàra solamente la representacion que Ticio tiene del
objeto, no huviera error, pero con ella ordinariamente se junta, la
afirmacion de que aquello que percibe es un tal objeto, en lo qual està el
engaño, y èste nace de la equivocacion de las voces. El motivo desta
equivocacion, que es comunissima, procede de que los hombres han puesto à
las veces un nombre para significar cosas distintas, si èstas
suelen ir juntas, y con dificultad percibe el entendimiento la separacion;
y como el juicio que acompaña à semejantes percepciones estè siempre junto
con ellas, y desde la niñez nos hagamos à juntarlo, por esso los
significamos con una voz, aunque sean en realidad cosas distintas. Tambien
se ha de advertir, que los hombres no han inventado voces bastantes para
significar todas las percepciones que tenemos por los sentidos, de lo que
nacen muchas equivocaciones, y errores. El que padece melancolia tiene
dentro de sì muchas percepciones que no ay nombres para explicarlas, y à
veces por esto no puede hacer creer à los demàs lo que padece. Porque para
que con una voz comprehendan los hombres una misma cosa, es menester que
tengan todos una misma idea, ò corresponda en todos un mismo significado,
pues de otra manera quando el uno nombrarà una cofa con una voz, el otro
entenderà diferente. Los melancolicos, è hipocondriacos sienten algunos
males que los afligen, y para explicarlos se aprovechan de las voces
opression, desmayo, y otras semejantes, que hacen formar
à los oyentes distinta idea de la que los enfermos pretenden explicar.
106 En efecto à un hombre que jamàs
huviera tenido dolor, seria muy dificultoso hacerle comprender
que otro lo padecia, aunque se lo explicasse con aquella voz, porque le
faltava la idea del significado. Al modo que seria impossible hacer
entender à un ciego lo que es verde, azul, ò amarillo, porque oiria estas
voces, mas no las entenderia por no tener idea de sus objetos. Desto nacen
no solo muchos errores que pertenecen à los sentidos, sino infinitas
disputas que mueven gran ruido, y son faciles de entender si se explican
con claridad las voces. De todo lo dicho concluyo que los sentidos de suyo
son fieles, porque siempre representan las cosas segun las vibraciones que
èstas imprimen en los nervios; que sus impressiones son respectivas, esto
es, solo muestran la proporcion, ò improporcion que los objetos tienen con
nosotros; y que los errores que cometemos por medio dellos consisten en el
juicio que solemos juntar à la percepcion de las cosas.

Capitulo V
Continuase la explicacion de los errores de
los sentidos.
107 Aquel juicio que solemos juntar
con las sensaciones sin advertirlo, nos hace caer en muchissimos errores.
Los quales distribuirè para mayor claridad en tres classes, es à saber, en
los que pertenecen à lo moral, à lo fisico, y al trato civil, y me valdrè
de algunos exemplos por hacer mas comprehensible tan importante assunto.
Los errores pertenecientes a lo moral son los que principalmente han de
evitarse, porque de lo contrario pueden seguirse graves daños, y tal vez
el mayor de todos que es el pecado; los otros errores es muy bueno
evitarlos, mas no tan necessario, como se verà en este capitulo; y si
huviera de manifestar todos los errores que nos ocasionan los sentidos en
las costumbres, seria necessario escrivir una Filosofia Moral entera, por
lo que propondrè los mas principales como que dellos nacen otros muchos,
cuyo descubrimiento pertenece à la Logica. Atendiendo pues al uso que los
hombres comunmente hacen de los sentidos, y de la razon, puede decirse con
verdad que son mas sensibles que racionales; esto es, se goviernan mas de
ordinario por las apariencias de los sentidos, que por el fundamento de la
razon. De aquí nace que aquellas cosas que se perciben por los sentidos
hacen mucha impression, y suelen los hombres inclinarse à ellas de modo,
que no piensan si no en las cosas sensibles. Desto mismo procede, que
tienen por bienes verdaderos à los que no son sino aparentes, y tal vez
falsos, y siendo objetos de los sentidos los buscan, y aman. Si los
hombres reflectàran un poco sobre lo que les sucede en la eleccion de
estos falsos bienes, no cayeran tan facilmente en los engaños que los
precipitan.
108 Para entender esto con mayor
facilidad se ha de presuponer, que todos los hombres tienen natural, è
innata inclinacion, ò apetito de su felicidad, y de su bien (88). La
voluntad llevada deste apetito solo ama à lo bueno, es decir, solo ama las
cosas que mira como buenas, y como à que pueden contribuir à su felicidad.
Pero como es potencia ciega, y libre (59) no se determina à amar las cosas
particulares, sino la ilustra antes el entendimiento. Es preciso pues que
el entendimiento presente una cosa como buena para que la ame, y apetezca
la voluntad (44). Nuestros errores nacen de que el entendimiento no bien
informado de las cosas las mira como buenas, siendo realmente malas.
Muchas veces tiene el entendimiento por buenas à las cosas malas por
ignorancia, y falta de advertencia, por cuyo motivo serà bien trabajar en
apartar la ignorancia que fomenta muchos errores. Pero las mas veces el
entendimiento tiene por buenas à las cosas malas, por governarse por las
apariencias de los sentidos. Para entender esto se ha de presuponer
tambien, que la verdadera felicidad, y el verdadero bien del hombre es
Dios (88), y teniendo apetito de su bien, y de su felicidad, tiene tambien
apetito de posseer à Dios. Quando Adan estava en el Paraiso antes del
pecado, tenia idea clara desta felicidad, y deste bien; de suerte, que con
ella descansava, y tenia toda suerte de contento, y alegria. Entonces
todos los apetitos obedecian à la razon, y esta al soberano orden que avia
establecido el Criador entre las criaturas racionales.
109 Despues del pecado empezaron a
dominar la ignorancia, la malicia, y la concupicencia. De suerte, que
aunque el hombre lavado con el agua del sacrosanto Bautismo reciba la
gracia, y se le borre la mancha del pecado original, queda no obstante la
pena de aquel pecado, y està posseido de la concupicencia. Por esta se
allega el hombre à los objetos mundanos, y sensibles, y se aparta de Dios,
porque la idea de su verdadera felicidad por el pecado la tiene
obscurecida, y la de las cosas sensibles muy viva, y vehemente; de aqui
es, que va tras destas, y se alexa de aquella. Con la idea que tiene el
hombre de su felicidad, suele tambien juntar la de la excelencia, de la
grandeza, y demàs cosas que pueden causarse contento. Si estas
prerogativas las buscàra el hombre en Dios, esto es, pensasse solo
conseguirlas gozando de Dios, pensava bien, porque no puede tener
verdadera grandeza, excelencia, y contento de otra manera; pero al
contrario, dexando a Dios, busca la grandeza, y contento en las cosas
sensibles, y mundanas. Reparen, y mediten los hombres, que por mucha
grandeza, excelencia, y contento que logren en esta vida, nunca quedarà
saciado el apetito de su felicidad, y la experiencia nos lo hace ver cada
dia en los ricos, y poderosos, que nunca estàn contentos, ni satisfechos,
porque aquella felicidad, sossiego, y contento, que pueden llenar el
natural apetito del hombre, solo puede hallarlos en Dios, que es su
verdadero bien, y su verdadera felicidad. Lo que sucede en esto es, que la
voluntad apetece este bien verdadero, y esta felicidad, inclinandose
naturalmente àzia el bien (59); pero engañado el entendimiento, y llevado
de la concupicencia, le ofrece otros bienes solo aparentes, y à veces
falsos, que tal vez la apartan de aquel mismo bien verdadero.
110 Los antiguos Filosofos no
anduvieron conformes en explicar la naturaleza del verdadero bien. Epicuro
dixo, que la felicidad, y bien verdadero del hombre era el
deleyte; deste modo hacia todo quanto juzgava ser à proposito
para deleytarle, y darle contento. Gassendo intentò probar
(37), que Epicuro no hablò del deleyte sensible, sino de aquel
contento que se logra con la salud del cuerpo, y tranquilidad del animo.
Como quiera que esto fuesse, es cosa cierta, que los dicipulos de Epicuro
lo entendian de las cosas sensibles, y en ellas buscavan toda suerte de
deleyte. Horacio, famoso Epicurista, se llama Puerco de la grey de
Epicuro
(38).
111 Los Estoicos por el contrario,
despreciavan todo genero de deleytes, y colocavan la verdadera felicidad
del hombre en la virtud. No ay que dudar, que estos Filosofos fueron
extremados en sus maximas; pero es tambien cierto, que el Etoicismo
moderado, y reducido à las reglas de la moral Christiana, contiene el modo
de filosofar mas perfecto, porque hace que los hombres desprecien todo lo
sensible, y amen solamente la virtud
(39). Ciceron explicò muy bien el sentimiento de los Estoicos, y
corrigiò algunas maximas de estos Filosofos, de suerte, que el libro de
Finibus, y el de Officiis, donde trata este assumpto de
proposito, es una de las lecciones mas provechosas que ay para la
juventud, porque à un tiempo mismo se aprende la pureza, y elegancia de la
lengua Latina, y la practica de las buenas costumbres. Por esto quisiera
yo se siguiesse el parecer de Heicneccio
(40), que aconseja, que en los estudios de la Latinidad se
enseñe à la juventud el libro de Officiis de Ciceron antes que
sus Oraciones Selectas.
112 Si miramos lo que sucede en el
mundo, hallarèmos, que casi todo èl es Epicurista, y es porque la mayor
parte de los hombres no tienen otro fin que su deleyte, dexandose
engañar de las apariencias de los sentidos, sin consultar la razon. Por
otra parte, no consideran atentamente la idea que tienen de su felicidad,
y de su bien, y deste modo tienen por bienes à los que no lo son, y por
felicidad à lo que muchas veces los hace infelices, y desdichados. Para
quitar en esto toda equivocacion, se ha de saber, que las cosas que se
presentan à los sentidos, solo causan en el alma aquellas impressiones que
son necessarias para la conservacion del cuerpo (103); de modo, que el
dolor advierte al alma el daño que el cuerpo padece, y el placer muestra
su buena constitucion. Por esto solemos tener por males los
dolores, y por bienes los gustos, y deleytes.
Aqui se ha de advertir, que por dolor se entiende qualquiera molestia, que
indica al alma no hallarse sano el cuerpo, con lo que no solo se
comprehende aquel sentimiento, que propiamente llamamos dolor,
sino tambien la congoja, opression, desmayo, y otras semejantes molestias,
que muestran, y significan algun desorden en la fabrica del cuerpo humano.
Tambien se ha de saber, que aquella sensacion, que llamamos gusto
y deleite sensibles, se sigue solo en el alma quando las fibras
del cuerpo se vibran en cierta, y determirada manera; assi vemos, que los
manjares ocasionan gusto en el sano, y desabrimiento en el enfermo, porque
las fibras de la lengua se mueven de un modo en la salud, y de otro en la
enfermedad. Siendo esto assi, còmo ha de tener el hombre por bien
verdadero à una cosa que las mas veces le causa daño? Què en lugar de
ocasionar el gusto causa desabrimiento? Què lexos de conservarle muchas
veces le destruye? Què en lugar de producir un contento durable, y solido
solo ocasiona un gusto transitorio, y aparente? Què en lugar de apartar
los males que pueden hacerle infeliz, los atrae, los lleva, y casi siempre
los acompaña?
113 Considerense los luxuriosos, y
se hallaràn llenos de perturbacion, su animo inquieto, la salud perdida,
la hacienda gastada, y siempre rodeados de penas, sobresaltos, y temores
por solo un deleite passagero, y bestial. Pongase la consideracion en los
que tanto celebran los banquetes, las bevidas, y los regalos, y se veran
perder la salud del cuerpo con lo mismo que la pretenden conservar. Veanse
en fin todos aquellos que van de gusto en gusto, de placer en placer, y
nada mas buscan que embelesar sus sentidos, y hallaràn como nunca queda
satisfecho su deseo, porque apenas logran una diversion quando los
fastidia, y van à buscar otra, y assi passan su vida sin hallar
complemento à sus apetitos. Todos estos son muy sensibles, y poco
racionales, pues si consultàran la razon hallarian que los sentidos no les
ofrecen verdaderos bienes, antes por el contrario los acarrean muchos
males.
114 Mas aunque los Filosofos
gentiles estan discordes en explicar qual sea el verdadero bien, los
Christianos ilustrados con la Fè no pueden ignorar que el verdadero bien,
y felicidad que naturalmente apetecen es Dios (88), y que solo en èl se
halla el complemento de todos los bienes, y el apartamiento de todos los
males. Es preciso pues que sepan, que solo puede ser bueno, lo que sea
conforme a la voluntad divina, y al soberano orden que ha establecido el
Criador entre las criaturas racionales, porque solo puede ser bueno
aquello que conduce para que los hombres logren la ultima felicidad, ò à
lo menos aquello que no los aparta de la consecucion de su ultimo fin. Por
esso el soberano Hacedor de todas las cosas imprimiò, y sellò en los
corazones de los hombres la idea del bien con inclinacion à seguirle, y la
del mal con inclinacion à evitarle (41). Mas como el pecado causò la
ignorancia, y excitò la concupicencia (33), se obscurecieron aquellas
ideas, y passò el hombre à buscar el bien en las cosas sensibles, donde no
puede hallarse.
115 Y para conocer mas perfectamente
todas estas cosas se ha de saber, que la felicidad de los hombres puede
considerarse en dos maneras. En el primer modo es el mismo Dios, y por
esso no puede lograrse en esta miserable carrera del mundo. La otra
felicidad es la que pueden los hombres conseguir en esta vida, y puede
llamarse imperfecta, y secundaria.
Los Filosofos antiguos excitaron muchas dudas sobre el constitutivo de
la felicidad, del hombre en este mundo, y omitiendolas aora por no
conducir à nuestro assunto, ha de sentarse como cosa cierta, que ni aun en
este mundo puede ser feliz el que se aparta de Dios, y por esso tengo por
cierta la dotrina de los Estoicos Christianos, que ponen la felicidad de
los hombres en el exercicio de las virtudes christianas. Deste modo se
comprehende, que serà feliz en algun modo en este mundo, el que hiciere
las cosas conformes al orden que Dios ha establecido, y con mira à sus
santas leyes, y con la observancia de los divinos preceptos. Assi podrà
qualquiera usar de las cosas sensibles, con tal que el uso dellas
sea conformandose con las leyes divinas, y humanas; no porque aquellas
cosas sean el bien à que deben aspirar los hombres, sino porque conducen à
mantener la vida, la fama, y otros bienes que logra el hombre en esta
mortal carrera àcia la eternidad. Por esso los objetos sensibles solo son
respectivos à la felicidad humana, porque pueden hacerle feliz en este
mundo, con tal que el hombre use dellos segun la razon, y segun el
instituto que Jesu Christo prescrive en su santa Ley, y divinas
enseñanzas.
106 Pero son muy pocos los que
consideran estas cosas, y son muchos los que llevados de la concupicencia,
y engañados por la ignorancia juntan à las cosas sensibles la idea de su
felicidad, y con el apetito que tienen desta, se dirigen àcia aquellas.
Los pobres apetecen las riquezas, y demàs aparatos magnificos que ven en
los ricos, y es porque se engañan juntando la idea de las riquezas con la
de su felicidad. Todos apetecen naturalmente la vida, y la salud, y
pareciendole al que està enfermizo que el sano es feliz, apetece la
felicidad deste, y alguna vez se engaña, porque aun con la salud està
lleno de otras miserias, que tal vez son de mayor peso que la enfermedad.
Todos apetecen el contento, y aborrecen el dolor, y la molestia: de aqui
se sigue, que el pobre quando ve à los ricos, y poderosos andar en coche,
comer regaladamente, y no trabajar, le parece que en aquello consiste toda
la felicidad, y la apetece con gran ansia, y la suspira; pero si supiera
debaxo de tanta pompa, y de tanto numero de criados, y grandeza, què animo
se esconde tan inquieto, y lleno de molestias, le tendria, no por feliz,
sino por el mas miserable del mundo
(41). San Juan Chrisostomo
(42) hace una hermosa comparacion, contrapesando las felicidades
de los pobres con las de los ricos; y tengo por cierto, que si aquellos
que tienen lo preciso para sostener la vida, y cubrirse de las injurias
del tiempo, saben hacer uso de la razon, no solo no embidiaràn à los
ricos, y poderosos, sino que les tendràn lastima. Por esso llama
Virgilio
(43) felices à los labradores, si estos saben conocer los bienes
que possehen. Y yo llamo afortunados à aquellos que viven en la soledad
apartados de estos engañosos aparatos de los sentidos
(44); y mucho mas felices à los que viviendo en la soledad,
ponen su dicha en el exercicio de la virtud, y contemplacion de las cosas
divinas. Los que assi viven gustosos, es cierto que logran un contento, y
satisfaccion de animo infinitamente mas estimable que los tesoros de
Midas, y los triunfos de Cesar.
117 Siguese de todo lo dicho, que
los sentidos solo ofrecen falsos bienes, ò aparentes, y por consiguiente
que es necedad ir los hombres dotados de razon buscando continuamente los
engañosos atractivos de la concupicencia. Siguese tambien, que solo ha de
fiarse el hombre de lo que le ofrecen los sentidos para la conservacion de
su cuerpo, y el uso de los objetos sensibles ha de ser conforme à la
razon, y à las leyes divinas, y humanas. Por esto serà convenientissimo no
juzgar prontamente de lo que los sentidos presentan, porque en esto se
expondràn los hombres à infinitos engaños. Serà bien suspender el juicio,
ò dudar en semejantes representaciones, para examinar con la razon las
cosas antes de assentir à ellas. En efecto la prudente duda, que tanto
hemos aconsejado en el cap. 3. es en esto muy necessaria, porque hemos de
considerar, que enflaquecida la razon por el pecado original, nos
governamos mas por las apariencias de los sentidos, que por el juicio, y
serà prudencia desconfiar de las representaciones dellos, y no mosvernos à
desear las cosas que nos ofrecen, sin consultar la razon, y las maximas de
la moral Christiana.
118 En las cosas fisicas es grande
el imperio de los sentidos, y en la misma proporcion lo es tambien el
numero de errores que ocasionan. Cree el comun de los hombres, que las
calidades sensibles como el frio, calor, humedad, sequedad, color, y otras
semejantes, estàn en los objetos, y se engañan, porque estàn en su
celebro, ò mejor en su alma, y los objetos las ocasionan. Desto he tratado
en mi primer tomo de Fisica, y tratarè con mayor extension en el
segundo. Por aora advierto, que este error viene à los hombres desde la
niñez, y por esso es tan dificil de desarraigar. Quando somos niños, y nos
acercamos à la lumbre, sentimos calor. En aquella edad no
suspendemos jamàs el juicio, antes por el contrario, juzgamos de las cosas
como nos parceen, y no como son, porque entonces somos sensibles, y no
racionales, esto es, solo exercitamos la potencia de sentir, y no la de
razonar. Por esto juzgamos que ay en los objetos todo aquello que causan
en nosotros; y causando el fuego al calor quando nos acercamos à èl, nos
parece que el fuego le tiene. Del mismo modo juzgamos entonces, que el
color està en las cosas, siendo cierto que solo ay en ellas la disposicion
que es necessaria para vibrar la luz, y hacer èste ù el otro color.
119 Nace este error de otro que nos
ocasionan tambien los sentidos, porque suelen los hombres juzgar que no
existen algunas cosas, quando no alcanzan los sentidos à percibirlas.
Creyòse mucho tiempo que el Arador era el insecto mas pequeño, y se creyò
assi, porque no alcanzava la vista por sì sola à descubrir otros insectos
infinitamente mas pequeños que el Arador, los quales despues se han podido
ver con la ayuda del Microscopio. Tampoco alcanzaron muchos de los
antiguos los satelites de Jupiter, y Saturno, ni conocieron que la via
lactea era un numero copiosissimo de estrellas, porque la vista no
descubria por sì sola estos cuerpos, y los percibe con el socorro del
Telescopio. A este modo pudiera traer muchos exemplos de Fisica, para
manifestar que no admitian algunos Filosofos si no aquellos objetos, que
se proporcionavan à sus sentidos. Por esto como la intima textura de las
partes de la materia no se percibe por los sentidos, no la tuvieron por
causa real de los efectos de los cuerpos inanimados, y en su lugar
substituyeron las formas. Como tampoco perciben los sentidos las
partecillas que rodean al rededor del imàn, juzgaron que no las avia, y en
su lugar pusieron una calidad oculta. Como no perciben los vapores, y
exhalaciones que hacen la particular atmosfera de los cuerpos, ni la
proporcion ò desproporcion entre ellos, y mucho menos su movimiento,
juzgaron que no los avia, y quando se ofreciò explicar la fuerza
electrica, y otros semejantes efectos, acudieron à las fingidas
fuerzas de la simpatia, y antipatia. Muchos otros errores semejantes à
estos cometen comunmente los Fisicos, en especial si estudian la Filosofia
de los Arabes que han corrompido la Fisica, y solo puede decirse dellos,
que fueron ingeniosos, pero con muy poco juicio. No viendo pues los
hombres las pequeñas particulas del fuego que empujan à nuestras fibras,
juzgan que estas no pueden causar el calor, y juzgarian tambien
que una aguja, ò una astilla no podia causar dolor si no las viessen, ò
tal vez juzgarian que estava el dolor en la astilla, ò en la aguja, como
juzgan que està el calor en el fuego.
120 Otro error ocasionan los
sentidos muy general en las cosas pertenecientes à la Fisica. Suelen los
hombres colocar baxo una misma especie las cosas que tienen entre sì
semejanza, ò sea en el color, ò en el gusto, y por esto se goviernan para
atribuirlas unas mismas calidades. Observò Galeno, que algunas cosas
amargas eran calidas, y puso por regla general: Que todo lo amargo es
calido
(45), lo qual es falsissimo, y fundado en la sola semejanza que
tienen las cosas en el sentido del gusto. Del mismo modo estableciò la
otra maxima: Todo lo acedo es frio
(46), ni se tuvo presente para afirmarlo otra cosa, que aver
observado dos, ò tres distintas cosas acedas, y frias.
Pero qualquiera medianamente versado en la practica de la Medicina, sabe
que ambos axiomas son falsos, y pueden señalarse muchissimas cosas amargas
que son frias, como la chicoria, cerrajas, y otras semejantes; y otras
tantas acedas que son calientes, como los pimientos, las passas,
y otras muchas. Para conocer de donde viene este error, basta considerar,
que la virtud de calentar, ò resfriar, y assi de las demàs, consiste en la
combinacion de todas las partes que componen un mixto, y del excesso con
que dominan unas à otras. Esta combinacion en quanto es necessaria para
causar el calor, no siempre està junta con la amargura, como ni la
amargura se halla siempre junta con aquella combinacion. Demàs desto cada
sentido requiere distintas vibraciones en las fibras de sus organos
respectivos, para que assi correspondan en el alma las percepciones que
les tocan, y puede un mixto tener la disposicion que se requiere en sus
partes para excitar cierta vibracion en el gusto à quien corresponda la
percepcion de amargura, y no hallarse con la disposicion que es necessaria
para excitar la vibracion en el tacto del modo que se requiere para el
calor, al modo que el almizcle excita una sensacion agradable en
el olfato, y desagradable en el gusto. Galeno no se detuvo en estas cosas,
y por esso su tratado de las facultades de los siemples està
lleno de maximas engañosas, falsas, y ha sido facil arraigarse todas en el
comun de las gentes en tantos siglos como se ha mirado por el Padres de la
Medicina. Los Quimicos, y Botanicos modernos proceden en esto con mayor
cautela, porque descubren en las plantas, y demàs simples la composicion
de sus partes, y no se goviernan por la semejanza externa que tienen entre
sì, sino por el agregado de todas las afecciones sensibles, y assi las
averiguan certificandose de la verdad por el informe, y concurso de todos
los sentidos à un tiempo. No solo en distinguir estas cosas se engañan los
Medicos que se goviernan por las propuestas maximas, sino tambien en la
semejanza de los simptomas, ò accidentes que acompañan à las enfermedades.
Quexase una muger de un dolor que la aflige con gran molestia en la boca
del estomago, y al mismo tiempo vomita coleras verdes. Llega el Medico,
que solo se govierna por la semejanza exterior de las cosas, y luego juzga
que es dolor colico, y aplicandole los remedios especificos desta
enfermedad, no solo no la cura, sino que la empeora. Si hace uso de la
razon, y no se fia de las primeras apariencias de los sentidos, juzgarà
que el dolor, y el vomito nacen de afecto histerico, y con pocos remedios
facilmente le darà la salud. Son infinitos los males internos, que por
defuera se presentan à nuestros sentidos con señales semejantes, y es
menester un juicio atinado para distinguirlos; pero no ay que esperar que
los conozcan los Medicos vulgares, que solo se goviernan por los sentidos,
y no consultan la razon.
121 Pero en ninguna cosa se engañan
mas los hombres, haciendo mal uso de los sentidos, que en el trato civil;
y todos los errores que en èl se cometen, solo nacen de que se fian
demasiadamente de las apariencias sensibles. Casi todos siguen las cosas
que se imprimen mas en el alma, y forman huellas mas hondas en el celebro;
y como las cosas sensibles hagan esto porque tocan à los hombres mas
vivamente, por esso facilmente dexan llevarse de sus impressiones. Pero el
hombre sabio, enterado de los engaños que ocasionan las imagenes de los
sentidos, percibe como los demàs los objetos que se le presentan, y juzga,
no segun las apariencias, sino segun la razon. Si yo pudiera imprimir esta
maxima en el comun de los hombres, sè ciertamente que serian mas
racionales, menos sensibles. Para conocer esto, harè ver algunos errores
frequentes en el comercio civil, y este conocimiento podrà servir para
evitar muchos otros, siendo impossible proponerlos todos.
122 Es frequentissimo juzgar los
hombres de las cosas por las apariencias: que se presentan à los sentidos,
sin examinar la realidad de las mismas cosas, y por esso es tambien
frequentissimo engañarse. Bello rostro tiene Ariston, dice
uno, la cara es de hombre de bien: què agasajo tiene! es cierto que
tiene policìa, y habla con modo, y trata con cortesìa à todo el mundo. O!
es Ariston muy buen hombre. Este juicio, de que Ariston es hombre de
bien porque tiene buen rostro, porque habla con modo, &c. suele ser
fatalissimo, y muchas veces con estas circunstancias se halla un ladron
insigne. La razon dicta, que para afirmar seguramente que Ariston es
hombre bueno, sepamos que es virtuoso, porque como hemos dicho no puede
serlo de otra forma (115). Pues si todas aquellas apariencias externas se
compadecen tanto con la virtud como con el vicio, porquè ha de governarse
el hombre por ellas para afirmarlo? Del mismo modo yerran los que juzgan
lo contrario. Cleobulo, dice otro, va con abitos largos, el
cuello torcido, sombrero grande, con gran compostura, y despues se ha
averiguado que era hipocrita, y por tal le han castigado. No ay que creer
pues à èstos que andan con semejante trage, y figura. Este ultimo
juicio es erradissimo, ya porque de un exemplar, que se ha presentado à
los sentidos, no se ha de juzgar de todos, como hemos visto hablando de la
Experiencia (99), ya tambien porque si Cleobulo con aquel abito
exterior de virtud era hipocrita, no lo son otros, antes es muy regular
acompañar à la verdadera virtud aquella modesta compostura.
123 Por otro camino yerran tambien
muchissimos. Oyen à un Predicador, que habla con frases compuestas, y
adornadas, sus voces son exquisitas, sus clausulas tienen cadencia, su
ayre en el decir es primoroso, y sin otro examen dicen: O! este es un
Predicador sin segundo. Este juicio es de los mas comunes, y mas
errados que oigo en el trato civil. Con todas prendas no tiene el
Predicador otra habilidad, que la de embelesar à necios, porque todas no
hacen mas que hinchar la fantasìa, y halajar los sentidos con bellas
apariencias. Tan acertado es aquel juicio, como el que hiciera un hombre
si viesse à una Mona con manillas, perlas, afeites, y otros adornos
externos, y la tuviera por hermosa. La regla fixa
(47) que qualquiera hombre cuerdo ha de tener para distinguir
estas vanas apariencias de la realidad de las cosas, es considerar la
solidèz de las maximas que el Predicador propone, y ver si en ellas
resplandece lo verdadero, y lo bueno, si ay orden, y conexion entre las
pruebas del assunto, y si estas son eficaces para hacer que el auditorio
convencido, se mueva à amar lo bueno que se
propone, y seguir la verdad que se persuade; pero en oyendo à un
Predicador que empieza con antithesis frequentes, con vanos preambulos,
con frasses muy estudiadas, y con cadencias poeticas, serà bien desconfiar
un poco, porque es cosa comunissima que semejantes artificios anden
juntos, no con verdades solidas, sino con fruslerias, y puerilidades. En
efecto estas artes son para encantar los sentidos con la harmonia de
aquella Musica con que el Orador canta mejor que predica, y no hemos de
dexarnos llevar de sombras, sino de realidades.
124 Cada vez que veo esto entre los
Christianos, me lastimo de la falta de Logica de muchos oyentes, porque si
estos supieran despreciar como merecen tales adornos, tal vez no los
usarian los Predicadores. Y es cierto que no los necessitan los que
predican la palabra de Dios, porque èsta por sì es eficacissima, y
propuesta con claridad, y dulzura halla facil acogida en el corazon
humano, donde estan estampadas las señales de la luz del rostro del Señor
(41). Las maximas del Evangelio de Jesu Christo llevan consigo tanta
claridad, y resplandor, que no necessitan para ser estimadas, de vanos
adornos, y mucho menos de las superfluidades con que à veces las vemos
vestidas; y es cosa comunissima que los que predican valiendose de
semejantes artificios hagan muy poco fruto, porque los hombres son muy
sensibles, y escuchan con mayor gusto los atractivos de los sentidos, que
el peso de la razon; y si debaxo de aquellos aparatos ay algunas verdades
solidas, no las considera el entendimiento, porque le ofusca la aparente
dulzura de los sentidos
(48).
125 No es esto decir que se ayan de
trabajar todas las Oraciones sin ningun adorno, porque no sijo el dictamen
de los que dicen, que la eloquencia es naturaleza, y no arte.
Pocos dias ha vi estampada esta maxima en el segundo tomo de las cartas
eruditas del P. M. Feijoò, y me parece que solo se halla en el titulo de
la carta, y no en el cuerpo della. Porque lo que el P. M. Feijoò prueba,
es que sin arte ay quien es eloquente, y que por mas arte que aya nunca
puede ser uno eloquente sin la naturaleza, esto es, sino tiene un gran
fondo de natural eloquencia. Esto es verdad, y es falso el titulo, porque
en en èl se dà à entender, que el estudio de la Retorica para nada sirve,
y assi lo afirma este Escritor famoso. Yà Quintiliano
(49) tratò de proposito este assunto, y aviendo rechazado a los
que tenian la Retorica por inutil, afirma que sin el arte, ninguno puede
ser Orador consumado, aunque sea tambien necessaria para esto la
naturaleza. En nuestros dias han renovado estas quexas algunos Modernos
(50) ponderando, que debia la Retorica desterrarse del pulpito.
La mayor parte de los eruditos no aprueban tan universal dictamen, y
quantas invectivas emplearon los Antiguos, y Modernos contra este Arte,
fue solo por desterrar el abuso que se observa en algunos, que unicamente
se aprovechan dèl para hacerse habladores hinchados. S. Agustin
(51), y muchissimos Escritores que han examinado bien esta
materia juzgan, que en algunas ocasiones es utilissimo el Arte de la
eloquencia, si se sabe hacer de èl buen uso. Como quiera que sea, sin
introducirme en semejante question me parece que no puede ser acertado el
dictamen del P. M. Feijoò, porque debiera aver antes estudiado de
proposito la Retorica; aver visto el uso artificioso conque se han
aprovechado loablemente della los Griegos, y Latinos; aver mirado de
intento, no la Retorica pueril que suele enseñarse à los muchachos, sino
aquel arte racional de animar los pensamientos, de mover los afectos, de
excitar las passiones, y de hacer mas clara la verdad, lo qual no lo ha
hecho segun èl mismo confiessa
(52); pues còmo ha de ser justo el dictamen sobre una materia no
estudiada? Del mismo modo que el de aquellos que impugnan los sistemas
modernos sin averlos visto.
126 Digo pues que pueden trabajarse
las oraciones con estudio, y à veces es necessario valerse del arte para
hacerlas perfectas; porque uno de los fines del Orador es persuadir, y
para esto algunas veces es menester excitar los afectos, y animar las
passiones de los oyentes, lo qual con el arte se hace maravillosamente.
Demàs desto ay algunas verdades que son intolerables à los hombres, y el
Orador ha de hacerlas suaves, y acomodarlas à ser bien recibidas, por lo
que en algunas ocasiones es bien hacer un poco deleitable la Oracion,
porque la verdad que parecerìa inadmisible por sì sola, es bien recibida
por lo dulce, y agradable que la acompaña
(53), que, al fin, bueno es usar de algun arte para hacer
comprehender à los hombres la verdad quando se considera, que no ha de
lograrse esto de otra manera. Pero siempre ha de llevar el Orador la mira
de poner el fundamento de su oracion en las verdades ciertas, en las
maximas solidas, y en introducir en los oyentes el amor à lo bueno, y à la
virtud, y solo para hacer ver claramente estas cosas le serà licito usar
de adornos, pero nunca serà bien colocar todo el trabajo en hablar mucho,
y decir nada. Si el P. Feijoò dixera, que el arte ha de ser en las
Oraciones muy dissimulado, y tanto, que se confunda con la naturaleza, y
que la fuerza de la eloquencia verdadera ha de consistir en el vigor de
las maximas, y en lo solido de las sentencias, y no en la pompa de las
palabras, huviera dicho una verdad admitida de todos los Sabios.
127 O! dirà alguno que esso es rigor
de los Criticos, porque no ay Sermon donde no se propongan muchos textos
de la Sagrada Escritura, y estos contienen grandes verdades. Es assi, pero
tambien es certissimo que los mas de aquellos textos no los entiende el
Pueblo en el modo que suelen proponerse, y me consta esto por experiencia,
y si se comprehende lo que contienen, nada persuaden por la mala
aplicacion, porque el entendimiento humano es de tal naturaleza, que busca
el orden, y conexion entre sus ideas, porque en esto consiste la fuerza de
razonar, y como no fuele hallar esta conexion muchissimas veces entre los
lugares de la Escritura que se explican, y el assunto à que se traen, por
esso no queda convencido. No pretendo con esto dar à entender que no se
hallan Oradores muy estimables, antes por el contrario conozco, y
reverencio algunos por su dotrina, por su rara eloquencia, y por su
exemplo, y sino temiera ofender la modestia de alguno, le propusiera como
modelo digno de imitarse en este assunto.
128 Valgame Dios, dice Aristlon, que
primoroso, y sabido es Adonis! Tiene una hora de conversacion, y en toda
ella habla chistes, y cosas agudas que es un pasmo; què equivocos usa!
Naturalmente habla en verso, y con suma facilidad deleita. Vanissimo es el
juicio que hace Ariston de su Adonis y es porque no tiene Logica, ni
trabaja en exercitar la razon, porque esso mismo que tanto alaba, hace
intolerable à los sabios la conversacion de su Adonis. Qualquiera puede
notar, que estos tales ordinariamente se escuchan, y hablan tan
afectadamente, que toda su agudeza y toda su poesìa no es mas que una
vanissima afectacion y se conoce facilmente atendiendo, que en todo un
año, despues de aver tenido todos los dias una hora de semejantes
conversaciones, en todo el año digo no ha dicho una sola verdad nueva, ni
nada que ayan tenido los concurrentes que aprender; lo que ha dicho son
cosas vulgarissimas con frases pomposas, que es lo mismo que si huviera
engastado en plata un pedazo de corcho. No obstante à Ariston le gusta
este su Adonis, porque le hincha los sentidos, y le halaga con algun
deleyte superficial. Si Ariston estudia la buena Logica, sabrà que nada ha
de satisfacer al entendimiento sino lo solido, y lo util, y estas
cosas no se hallan sino en lo verdadero, y en lo bueno. Por esta razon han
de despreciarse tantas poesìas, que cada dia nos vienen à las manos, y
nada mas ay en ellas que la cadencia, y solo las pueden aprobar los
hombres que tienen el entendimiento en os oidos. Los que se contentan con
las apariencias sensibles, celebran mucho algunos poemas, que ni tienen
substancia, ni tienen solidez, ni contienen mas que pensamientos
superficiales, y en fin que son mas frios que el mismo yelo. No obstante
se aplauden, y se celebran como venidos del Cielo, y estos vanos aplausos
nos acarrean despues una lluvia de Poetas que nos oprimen, y la poesìa se
hace estudio de moda, de suerte, que es tenido por grande hombre un
vanissimo Poeta. Por esto son tan comunes las malas poesìas, y tan
abundantes, que tan facil es tropezar con los malos Poetas, como con
langostas, vicio que ya reprehendiò con agudeza el ingenioso Don Francisco
de Quevedo; y no ay esperanza de que se corrija sino se estudia muy de
proposito la verdadera Logica, y se hacen los hombres à no fiarse de las
apariencias de los sentidos, y à consultar siempre la razon.
129 Entre las apariencias de los
sentidos ninguna es mas engañosa que la que lleva el caracter de
bello, y de hermoso. Todavia no estàn conformes los
Filosofos en difinir en què consiste lo que llamamos hermosura, y belleza,
assi en las cosas animadas, como inanimadas. Yo pienso; que lo que
llamamos hermosura en las cosas sensibles es el orden, y proporcion que
tienen entre sì las partes que las componen. Este orden es relativo à
nuestros sentidos, porque à unos parece hermoso lo que à otros feo; y
tanta variedad como se encuentra en estas cosas, nace de la impression
diversa que un mismo objeto ocasiona en distintos hombres, y del diferente
modo con que excita los sentidos en cada uno. Sucede pues en esto lo mismo
que en todas las otras percepciones de los sentidos, que solo nos ofrecen
las cosas con proporcion à nuestro cuerpo (103). La hermosura sensible no
es mas que apariencia, porque no es mas que la combinacion de los rayos de
la luz segun la reciben de los objetos, y la comunican à nuestros ojos; y
por esso quando se mudan las cosas que embian la luz, se muda la hermosura
dellas. Desto ay infinitos exemplares en las flores, y en las mugeres que
parecen hermosas en la verdor de los años, y feas en haciendose viejas; y
es porque la edad va mudando la contextura del cuerpo de modo, que la luz
no adquiere en la vejèz la vibracion que adquiriò en la juventud.
130 Siguese desto, que la hermosura
destas cosas sensibles es una apariencia, que solo puede arrastrar à los
hombres que dexan llevarse de sus sentidos sin exercitar la razon. El ver
pues como inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y van con
inquietudes continuas àzia estos vanissimos atractivos de los sentidos,
hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo poco que
reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La verdad tiene una
hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la bondad lleva consigo
una belleza capàz de atraer à la voluntad. Si yo dixera, que el
entendimiento recibe un gran contento quando descubre la verdad
(54), y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno,
diria una cosa certissima, y digna de que la escuchassen, y meditassen
seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que les
parecerà esto digno solo de contarlo à los habitadores de los espacios
imaginarios.
131 Los hombres, que solo hacen uso
de sus sentidos, miran este orden de la hermosura, y siguen los
desordenados afectos que ocasiona. Què voz tiene Lucinda tan suave!
què ayre tan magestuoso! Es una maravilla como canta, como anda, como
habla! Todo es un encanto. Y es verdad que es un encanto para los que
se paran solamente en las apariencias sensibles. Ni ay que dudar, que el
tono de la voz, el ayre del semblante, la risa natural, el trato amable, y
à veces las lagrimillas de las mugeres son un dulce veneno que ocasiona
mil estragos en los poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas, ò
son la luz diferentemente modificada, ò el ayre vibrado con mayor, ò menor
fuerza.
132 Para conocer mejor la vanidad
destas apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las
cosas como un orden fisico, ò como orden moral. En el primer modo admira
la hermosura à los labios, porque consideran en ella un orden de partes
maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel
numero, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales, y
sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido
es inocente, y tal vez loable, porque excita la idea de la divina
Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como
pertenecientes à las costumbres, ò como objetos de las acciones morales de
los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni abrazar
semejantes objetos, sino conformandose con la ley divina, y con sus
sacrosantos mandamientos, y preceptos (115); y esto es lo que dicta la
razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no
podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador
se ha propuesto, y con respecto àzia la eterna felicidad de los
hombres.
133 En el amor à lo bello sensible
erramos tambien de otra manera. Quando se nos presenta un objeto hermoso à
la vista, no solo tenemos la percepcion, ò imagen que entra por los
sentidos, sino que juntamos à esta percepcion la idea del bien, y la
voluntad es llevada à amarle. Pero como ya hemos dicho todas las
apariencias, y objetos de los sentidos no ofrecen sino falsos bienes, ò
aparentes, y àzia ellos nos arrastran la concupicencia, y el desorden de
los apetitos. El hombre que usa de la razon no hace caso destos aparentes
bienes, y dexa de juntar la idea del bien con semejantes objetos, antes
algunas veces junta la idea del mal, la idea de lo aparente, la idea de lo
engañoso, la idea de lo falso, y deste modo aparta de la voluntad el amor
desordenado de las cosas bellas sensibles.
134 Esta facilidad de detenerse los
hombres en las cosas sensibles nace, como ya hemos dicho, de que las
huellas que èstas dexan en los nervios, ò en el celebro son muy hondas, y
duran mucho, y con dificultad se borran, y como el alma corresponde con
ciertas representaciones (28), de aì procede que le hagan mayor impression
las cosas que entran por los sentidos, que las que por sì misma alcanza.
Este es el motivo de muchissimos errores, y en especial de que hacemos
mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos
los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon, conoce la
eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el
Cielo, no obstante estamos tan atados con aquèl, que muy pocas veces
pensamos en èste, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra
continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de lexos;
ò lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y al Cielo
con la razon.
135 Todas estas consideraciones
tiran à fortalecer la razon contra las apariencias de los sentidos, y à
avisar à los hombres, que sus sentidos son tal vez su mayor enemigo, que
no deben facilmente dexarse llevar de sus representaciones, y que no
juzguen precipitadamente por solo su informe sin consultar la razon. Hanse
de mirar como instrumentos dados por el Criador para la conservacion del
cuerpo humano; y se ha de advertir, que siendo los unicos medios por donde
el alma empieza a alcanzar las cosas (17), son tambien el principal origen
de sus errores, y de sus males.

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